El pasado 11 de octubre empezó a regir el aumento del 19 por ciento en el boleto de colectivo de las empresas que prestan el servicio interurbano, autorizado por la Subsecretaría de Transporte de la provincia. El viernes 23 de octubre, viajé desde Rosario hacia Rafaela en la línea Güemes. Me tocó el asiento 60, justo arriba de la rueda, que no dejó de saltar. Pasados unos kilómetros el colectivo se detiene: había otro ómnibus de la empresa roto, en la banquina, con pasajeros que iban a Sunchales, Suben al nuestro y viajan parados. Como si fuera poco, la ventilación comienza a funcionar al mínimo, el aire estaba viciado y el malestar de los pasajeros se hizo evidente. No podría enumerar la cantidad de estos viajes desventurados que tuve en cuatro años de estudiante, desde goteras y asientos mojados en días de lluvia, pasando por roturas y demoras, hasta un accidente por el desprendimiento de un martillo de emergencia. Los asientos desvencijados, los acondicionadores de aire que no funcionan y la suciedad son moneda corriente en estos viajes. Desde Rafaela, el único horario para ir directo a Rosario es a las 4.50 de la madrugada, en días de semana. No hay otra opción que tomar el famoso "lechero" que demora cuatro horas y media. El pasaje Rafaela-Rosario cuesta 43 pesos con 50 centavos. Para la gran cantidad de estudiantes que utilizan el servicio semanalmente, como también trabajadores y personas que se hacen estudios y tratamientos médicos, este precio es demasiado alto, sobre todo teniendo en cuenta la deplorable calidad del servicio. Espero que la Oficina de Defensa del Consumidor tome cartas en el asunto.


























