Sobre la carta "Contribución a la ignorancia", de Martín D’Langlade, publicada el pasado 21 de mayo, creo que comete el error de creer que su verdad es absoluta y, como si nos conociera, nos mete a todos en una bolsa con una etiqueta en la frente que dice "prototipo de ciudadano mediocre", mientras él cree estar más allá del bien y del mal, simplemente por "no ver a Tinelli" (¿o será que lo ve, pero queda mejor decir –como José Pablo Feimann– que no consume esa clase de programas?). De un programa humorístico, porque lo de Tinelli sólo es eso, nadie que se haya despojado de la inocencia espera ver contenido intelectual: es para distraer un rato, para hacer reír. Puede gustar o no, pero adjudicarle al programa la responsabilidad de no hacernos reflexionar me parece gracioso, simplemente porque el programa no está pensado para eso. Además no entiendo por qué sólo le apunta a Tinelli. ¿Por qué no menciona los patéticos programas de chismes, los canales de deportes o los canales de música? Esos contenidos tampoco hacen reflexionar y nada útil dejan, aparte de la distracción. Echarle la culpa a la TV es un modo muy cómodo de desentendernos de la verdad: estamos como estamos por votar como votamos, porque nos gusta quejarnos de todo y de todos, pero nada proactivo hacemos para cambiar la realidad. Según lo que dice D’Langlade, el país se hunde. ¿Qué hace él al respecto? ¿Participa en política? ¿Es un actor político activo desde las bases, promoviendo mediante la acción la renovación de la dirigencia miserable que nos dejó donde estamos, y conseguir ese tan anhelado "que se vayan todos"? Apuesto que no, porque es más fácil quejarse que hacer. Somos como somos y estamos como estamos, no por "Show Match", sino por aceptar como normal la patria prebendaria instaurada como práctica estratégica de gobierno desde hace décadas, muchas décadas, no sólo las dos que Tinelli ocupa en la pantalla. Y ese prebendarismo mató a la dignidad y a la cultura del trabajo duro como medio para el desarrollo, mediocrizando a aquellos que aceptan un pago a cambio de su voto. Lamentablemente, creo que la única forma de volver a los buenos tiempos, donde Argentina fue un caso de éxito paradigmático en educación, cultura, salud, trabajo, pujanza y producción, será con la utilización de todo el rigor de la ley de una Justicia independiente, para castigar a los políticos corruptos y desalentar el trabajo de base de los parásitos extorsionadores que usan a los pobres para beneficio propio, para volver a un Estado democrático y republicano que garantice el acceso al trabajo, a la salud y a la educación de calidad, plataforma de despegue indiscutible de todo país que tenga como norte































