Con referencia a la carta de Edgardo Glavinich, "Lifschitz, no ofenda a los cristianos", publicada el lunes 19 de octubre, quiero aportar mis ideas. Primero, Glavinich generaliza diciendo que la imagen de Cristo crucificado sobre un avión de combate, de León Ferrari, es "desagradable y repudiable para todo cristiano". Siendo que las guerras han causado la muerte y llevado la miseria a tantas personas (y lo siguen haciendo), no me cabe duda de que esta versión modernizada de Jesús es muy apropiada para representar el sufrimiento de la humanidad por el que Cristo vino al mundo, según el mito cristiano. Segundo, desconozco las creencias de Glavinich, pero entiendo que es un creyente de la laicidad del Estado ("siguiendo con los postulados que dictan mis creencias, le solicito al señor intendente que tenga a bien conservar dichas expresiones artísticas en el espacio privado", dijo). Siendo coherente, debería pedir también la abolición de las procesiones, el retiro de las vírgenes y crucifijos que abundan en plazas, hospitales y otros lugares públicos. Estoy seguro de que Glavinich no estaría de acuerdo con esto, como tampoco la mayoría de los creyentes de Rosario. Tercero, Glavinich tiene todo el derecho a sentirse ofendido, a protestar y a expresarse públicamente en contra de lo que le desagrada, pero no tiene derecho a pedir que se suprima aquello que lo ofende. Tal derecho, si existiera, vaciaría de contenido el "respeto de las diferencias" que le sugiere al intendente. Obligar a alguien a salir de mi vista para existir no es respeto.


























