El inicio de esta odisea comenzó el miércoles 21 de marzo a las 21.30, cuando mi padre de 82 años sufrió una fuerte descompensación que le produjo un desmayo y posteriormente un estado de confusión prolongado en su casa, estando acompañado de mi madre de 80 años. Lo primero que hizo fue llamar a mi hermano para poder recostarlo en la cama y llamar al servicio de emergencias. Una vez que lo evaluaron decidieron internarlo y ahí comenzó un verdadero calvario. Mis padres cuentan con una muy buena obra social donde prácticamente tienen todos los sanatorios de la ciudad. Primero se solicita una cama en el Sanatorio Americano ya que mi padre es paciente de los médicos de dicho lugar, por lo cual toda su historia clínica se encuentra allí. La respuesta fue que no había cama ni en terapia (cosa que era preferible por el cuadro que presentaba) ni en sala. La cosa es que la misma respuesta se siguió sucediendo en todos los sanatorios de la lista, que puedo asegurar son muchos. Ante tantas respuestas negativas, fui personalmente al Sanatorio Americano donde primero fui atendido por un administrativo acompañado por una seguridad; le presenté el caso y me dijo que tenía conocimiento pero que no había cama. Ante mi insistencia, llamó a la doctora de guardia, a quien le volví a explicar la gravedad del caso, recibiendo nuevamente una negativa, aduciendo que en la guardia había cama pero no era lo que mi padre necesitaba, que ya lo había rechazado la jefa de terapia y que era una responsabilidad de la emergencia encontrar un lugar. Luego de explicarle que no había ningún lugar disponible, que mi padre era paciente en ese sanatorio y que ya habían pasado tres horas le pedí por favor que lo internara en la guardia, ya que siempre sería mejor que estar en la cama de su casa. Ante la nueva negativa yo le dije que iría a buscar a mi padre al auto y lo cargaría hasta el sanatorio (para desvincular a la emergencia), a lo que me respondió que si moría seria mi responsabilidad. Mi padre no estaba en condiciones de que yo lo subiera al auto y lo llevara personalmente, pero ante mi desesperación ya estaba a punto de hacerlo. Hasta que como siempre, gracias a una amiga (que tiene a una amiga que tiene un conocido) a las 2.30 de la madrugada del jueves pudimos disponer de una cama y de atención médica en el Sanatorio Delta. Estuvo en sala atendido hasta las nueve de la mañana, hora en la que fue derivado a unidad coronaria, donde más tarde hizo un paro cardiorrespiratorio seguido de cuatro paros cardíacos. Los médicos lograron estabilizarlo y aunque muy delicado sigue con vida gracias a Dios. ¿Pregunto? ¿Hay derecho a que una familia que está pasando semejante momento, tenga que sumarle casi cinco horas de desesperación, incertidumbre y angustia, por esa maldita costumbre de nunca encontrar una cama en ningún lugar, cuando todos sabemos que siempre mágicamente (luego de escándalos, amenazas o alguna ayuda de alguien que tiene algún conocido) aparece un lugar? Yo creo que no hay derecho y que la vida de una persona tiene que estar antepuesta a todo argumento. Quiera Dios que esa señorita "doctora", que seguramente estudió gratis con los impuestos que yo pago, nunca tenga que pasar por una situación tan horrible como esta, aunque debería desearle lo contrario. Yo no hice el juramento hipocrático porque no soy médico, pero quien se digna de serlo supongo que sí. Estaría bueno que lo releyeran. "Desempeñaré mi arte con conciencia y dignidad. La salud y la vida del enfermo serán las primeras de mis preocupaciones".






























