"El derecho de cada uno termina donde empieza el derecho de los demás". Esta sabia afirmación, pilar de la convivencia ciudadana y derivada de nuestra propia Constitución nacional, parece perder vigencia en nuestros días, donde predomina el "todo vale" y cuando promover cierto orden, se confunde de inmediato con represión. Estas cavilaciones me surgen al padecer, noche tras noche y más precisamente, los jueves, viernes y sábados de 5 a 7 horas, la estridente agresión sonora y verbal que nos impide descansar para enfrentar nuestras tareas la mañana siguiente, producida por grupos de chicos y chicas, alcoholizados y/o drogados, a la salida de los boliches, que insultan, gritan, disparan petardos o armas de fuego, queman containers de basura, rompen cristales de las vidrieras, activan las alarmas de autos estacionados y negocios vecinos, cuando no agreden a algún desprevenido transeúnte que regresa fuera de hora a su casa. Estas demostraciones de vandalismo no son controladas por ninguno de los elementos para la orden que la Municipalidad dispone o debería tener. Así, los que pagamos impuestos, votamos y contribuimos a que la ciudad funcione, quedamos abandonados y desprotegidos en una orfandad trágica que si se acentúa puede llegar a consecuencias funestas. Es hora de encausar estos desbordes violentos con cierta vigilancia preventiva en lugares claves como por ejemplo: Santa Fe y Presidente Roca o Córdoba y Oroño o Presidente Roca y Rioja, que es donde se concentran al cierre de los lugares bailables y de expendio de bebidas para que el centro o donde ocurriere, no se transforme en territorio liberado para la delincuencia. Ojalá que asuma su responsabilidad la autoridad que le competa y actúe en consecuencia.






























