Los muchachos de las sociedades rurales que exigen siempre la chancha, los veinte y la máquina de hacer chorizos, ¿ahora serán capaces de recriminarle a Jehová la falta de agua? Pero no demasiado. Para ellos, existe siempre el recurso de reclamarle al Estado (nosotros los trabajadores), las compensaciones del caso. Mientras tanto, no pareciera que gobernantes y productores tengan la suficiente creatividad para solucionar la provisión de agua (para tomar, cocinar, regar, incluso en muchos casos bañarse). Si anduviese por ahí Carlos Menem de presidente en estos días podría poner medidores y cobrar el líquido a buenos precios, de manera que se consuma solamente lo necesario. ¿Cómo han hecho en Santiago del Estero para modificar su territorio antes desértico, en reservorios acuíferos, canales, aljibes, diques, etcétera? ¿Cómo han hecho en Santa Fe, antes Pampa Húmeda, para transformarla en sequía? ¿Se ha trasladado la creatividad? ¿Se depende tanto de la Casa Rosada? ¿La Casa Gris es de ese color por semejanzas con cenizas chamuscadas? Bueno, hay dos motivos: no hay agua para donde no hay fuego.



































