Los aparentes vientos de cambio que se anuncia soplarán sobre la Casa Blanca serán en el mejor de los casos leves brisas que no conmoverán la estructura básica de la dominación política y económica en EEUU. La reciente elección del demócrata Barack Obama no puede alentar demasiadas expectativas de transformación si se toma en cuenta dónde se hallan las fuentes del poder real. En efecto, las decisiones claves en la primera potencia provienen de los planes que elaboran el complejo militar e industrial y los jerarcas del sistema financiero. Entonces puede que existan matices en materia de política interna, pero no sustanciales cambios en la política externa. Todo lo cual indica que los habitantes de Latinoamérica, Asia y Africa continuaremos padeciendo la soberbia imperial, las extorsiones político-económicas y por supuesto maniobras de agresión militar. Muy lejos está el ideario concreto de Obama de la ética de la solidaridad que proclamó Martin Luther King. El "sueño americano" que surge de los discursos y las acciones continúa siendo el un liderazgo hegemónico basado en la prepotencia militar y los artilugios económico-financieros, no en el respeto por las libertades y derechos de las personas.
































