Hace unos cuantos días leí en La Capital que la plaza San Martín sería remodelada, con un 20% más de espacio verde. Para adornar la perspectiva los proyectistas tuvieron el mal tino de incorporar la figura de un perro sobre el espacio verde (imaginemos las consecuencias). Aunque no se ha dado a conocer el proyecto en profundidad, me pregunté: ¿qué es lo que hace atractivas y vivenciales a las plazas? Salvando las distancias, quiero describir una plaza que me impactó: la Plaza España, en Sevilla, España. Quizás todos tengamos distintas motivaciones sensoriales, pero el hecho de usar el color, las fragancias, texturas, y sensaciones armónicas auditivas, nos garantiza que sea una invitación a utilizar y disfrutar de dicho espacio. Bordea toda la plaza España (como muchas en países desarrollados) una reja que se cierra al anochecer impidiendo el ingreso de malvivientes. En otras plazas que no se cercan, he visto luminarias similares a la de estadios, con potentes luces que no dejan zonas en penumbras. En el ingreso existe un cartel determinando las prohibiciones: lleve a los perros atados con correa, respete animales y plantas, no está permitido jugar a la pelota sobre el césped, el símbolo de un radiograbador tachado con su leyenda: respete a los demás usuarios no realizando actividades molestas, utilice las papeleras y mantenga fuentes limpias, etc. Demarcando la zona de césped suele haber un ligustro cuyo espesor impide el acceso de animales, delimitado para tal fin otro sector exclusivo. Se podrá objetar que el mantenimiento puede ser oneroso ya que actualmente escamondas en la ciudad, no son constantes (¿falta de empleados o de controles?), pero creo que se podría empezar a pensar en incorporar cuidadores de coches y ex soldaditos de los búnkeres narcos demolidos, a los que se integre con cursos de capacitación en jardinería. Uso del color: hay constancias de que incluir el color en hospitales, acelera el proceso de recuperación de los pacientes. Es el bienestar que debe proporcionar el relax en una plaza (las matas florales y distintas especies arbóreas, contribuyen al despertar de nuestros sentidos). Texturas diferentes en solados enfatizando recorridos y sugiriendo direccionalidad hacia determinadas situaciones que sean nodos de atracción. Fuentes (estímulos visuales y auditivos) y esculturas. En la plaza mencionada existen azulejos (materiales autóctonos) relatando epopeyas conmemorativas. Albañales cuya recopilación de aguas pluviales puedan reciclarse para riego. Baños antivandálicos, recipientes de residuos diferenciados, bolsitas para deposiciones de mascotas. Hago la aclaración que en ningún momento hablé de un plantín de más, sino, de situaciones que invitan a ingresar a una plaza y sensibilizarse con las cualidades sensoriales que ella nos brinda. Por supuesto, que como es habitual, hago mi advertencia: para lograr una adecuada convivencia ciudadana: educar, controlar y sancionar.
Es necesario desconfiar de los análisis que describen a los buenos como muy buenos y a los malos como muy malos. Existe una realidad más compleja aún que los titulares oportunistas de los medios. Los linchamientos, como concepto, se resume en la necesidad innata en los grupos humanos de encontrar en quién descargar frustraciones y miserias propias. Hoy, la farandulización de los llamados linchamientos posee analistas desubicados y culturalmente neófitos que opinan y suponen por el hecho de lucrar temporalmente llenando espacios, desconociendo lo elemental del tema. El linchamiento lo único que requiere para mostrar sus aberraciones es la disparidad de fuerzas, un grupo frente a la soledad del individuo arrojado a su propia suerte. Este tipo de linchamientos no necesita ninguna verdad para llevarlo a cabo; en todo caso, lo que viene a revelar es que cualquier excusa es válida para justificar la violencia, que necesita siempre de alguien que esté en situación más débil frente a una mayoría más poderosa. Resultando ser el imán de la fuerza inconsciente de la violencia que yace en cada uno de nosotros. Recuerdo haber leído una nota de Rubén Chababo, quien define la situación, evocando a Theodor Adorno, quien describía sus años de escuela primaria, allá por los 40, donde los grupos se unían a la espera de algún error o una palabra mal utilizada de alguien, o la torpeza con algún obstáculo, para iniciar desde allí la cadena violenta de las burlas y las golpiza. En esas escenas escolares anidaba ya el germen del fascismo que años después habría de hacer posible el extermino de inocentes Bromas que causaban hilaridad al grupo a costa del compañero, linchamientos morales, que en realidad escondían un profundo deseo de agradar a la autoridad del maestro y auto-complacerse con el sufrimiento ajeno. Linchar es una actitud fascista pero no tiene patrimonio de grupos ni una ideología determinada. Muchos ciudadanos terminada la guerra se ensañaron con los colaboracionistas del poder ocupante, hostigando una vez que el poder había cambiado de mano, en demostración del poder que les proporcionaba su mayoría o el apedreamiento en las plazas públicas de los antiguos criminales, entendiendo esto como justicia popular, casos muy comunes en los procesos revolucionarios. Aquellos hechos no son de distinta naturaleza a los observados hoy, por más que se suponga que la verdad está del lado de las masas que encierran en círculo al supuesto perpetrador. El linchamiento nada tiene que ver con la justicia, sí y mucho con la humillación, resultando una forma de ejercer venganza a las propias miserias de los vengadores. No es necesario que exista violencia física para ejercer un linchamiento; el rumor, el comentario insidioso, la elaboración de conjeturas tendenciosas, juzgar antes que la justicia, considerarse fiscales de la patria, influir negativamente sobre la opinión popular, puede llegar a ser tan violento como la trompada que quiebra una mandíbula. Lo peor del alma humana suele esconderse detrás de una comunidad cordial, amable y de buenos ciudadanos, impúdicamente guardado detrás de las formas burguesas de urbanidad y cortesía. Ante los hechos consumados y observando quienes se arrogan el poder de juzgar, nadie está exento de convertirse en víctima de los que hoy con tanta facilidad y autoritarismo valiéndose de los medios, se autocalifican como buenas personas.
Norberto Ivaldi
Del carnaval chico al carnaval grande
De los años de mi niñez, recuerdo que en tiempos de carnaval se hablaba de carnaval chico y carnaval grande. Carnaval chico era el fin de semana anterior al señalado como fiesta de los carnavales por el almanaque. En carnaval chico, jugaba con agua y salía a bailar solamente el que quería. Pero en carnaval grande, jugaba con agua todo el pueblo, se lo mojaba hasta al que no quería jugar. La gente salía a la calle e intercambiaba baldazos de agua; algunos jugaban con barro o pintura; las comparsas (cuyo máximo atractivo era el diablo) salían a la calle a cantar y a danzar por monedas; y por las noches se concurría a bailar en los clubes de barrio, donde seguía la farra. Similar a esto es lo sucedido con la política en nuestro país, desde 1983. El gobierno del señor Alfonsín, terminado de manera escandalosa, sería el carnaval chico. Y los gobiernos siguientes, dos de Carlos Menem, uno de Néstor Kirchner y los dos de la señora Cristina Fernández serían el carnaval grande. El gobierno de Raúl Alfonsín fue la invitación a la Democracia, al Estado de derecho, al gobierno del pueblo. Si bien su propuesta era buena, no gozaba totalmente del consenso pueblerino, por la falta de confianza en la calidad y en la duración del mismo. No obstante, pese a su lamentable final, puede calificarse al mismo de decoroso. A continuación, llegaron los grandes carnavales. Los gobiernos de Carlos Menem, que con su paridad con el dólar distrajo la atención de la mayoría de los argentinos, para desarrollar una corrupción sin límites y aparentemente incomparable. Son muchos los argentinos incautos que creyeron que no habría un gobierno peor. Hasta que llegaron los Kirchner para desmentirlos. Desde el primer gobierno de los mismos hasta el presente, el desvergonzado derroche de dignidad no ha cesado. Por lo que bien podemos decir que el agua, el barro, la pintura, la espuma y las comparsas desaparecieron, pero quedó el diablo. Sí. En Argentina, el diablo anda suelto. De otra forma no se puede explicar tanto caos y tanta mentira instalada con tanta impunidad. La vieja expresión bíblica “donde gobiernan los malos, abunda el pecado”, ha encontrado en nuestro país su mejor alojamiento histórico. Y la advertencia de San Pedro, acerca de vivir con sobriedad y en estado de alerta permanente porque el demonio ronda como un león rugiente, no podría ser en otro lugar del mundo más ignorada.
Daniel E. Chavez
DNI 12.161.930
Profesionales de la enfermedad…
Es triste comprobar cómo en una institución de salud (un sanatorio en este caso) le cuesta tanto a algunos profesionales y personal entender, pensar o mejor dicho trabajar desde una perspectiva del cuidado del paciente, desde el padecimiento subjetivo que conlleva una enfermedad. Es primordial escuchar los correlatos psíquicos; porque si bien el cáncer es una enfermedad que ataca primariamente al cuerpo, no deja de atacar al pensamiento, no deja de invadir completamente a todo el sujeto, la familia, la cotidianeidad. Contemplar, entender y trabajar desde allí es lo que todo paciente y su familia desearían. Transitar una enfermedad como el cáncer no es para nada fácil, y se complica mucho más cuando se siente que un enfermo oncológico no es más que eso, alguien que tiene un tumor en un determinado órgano y parecería que fuera sólo eso, un órgano enfermo. Se debería entender que además de tener un tumor es una persona, un abuelo, un padre, un hijo, un amigo, alguien amado, con miedos, angustia, tristeza, incertidumbres y con una familia dispuesta a su cuidado. Por ello no entendemos cómo hoy en día no se aborda una enfermedad multicausal, como es ésta, desde equipos multidisciplinarios. Esto que queremos transmitir es porque hoy nos tocó llorar, padecer, preguntar por qué, y tener sobre todo esperanzas incansables, pero como todos sabemos el cáncer es una enfermedad que no tiene miramientos, que no diferencia clases, ni profesiones, ni nombres, ni edad y queremos que piensen y que sientan que, como hoy estamos aquí, cualquiera puede estarlo.
Patricia Turuccone
DNI 27.890.777
El mal estado de las veredas
Sugiero al concejal Aldo Pedro Poy (PDP), quien propone la realización de sendas peatonales en las veredas para ciegos o personas con capacidad visual reducida, que recorra toda la ciudad para ver en qué condiciones están las veredas; le aseguro que están tan peligrosas para los no videntes como para los videntes, especialmente en calle 3 de Febrero desde Ricchieri hasta bulevar Oroño. En esa calle los frentistas han elevado la vereda de manera tal que parecen lomas. Ni hablar de las entradas a los garages, donde hay elevaciones de todos los tamaños. Sería bueno que los inspectores recorrieran la zona.
Aída Brescia
DNI 5.883.145