Moscú desaparece en una oscura niebla, un humo pestilente que provoca náuseas a los transeúntes. Debido a la peor ola de calor en 140 años y los incendios forestales, los más de diez millones de habitantes de la metrópoli más grande de Europa apenas si pueden respirar en estos días.
El número de incendios forestales en el país ha vuelto a aumentar hasta los 577, de los que 101 son de gran envergadura y abarcan una superficie de más de 165.000 hectáreas, según un parte del Ministerio para Situaciones de Emergencia. El fuego, que ha matado a más de 50 personas, afecta a al menos 15 parques nacionales.
El humo provoca escozor en los ojos, reseca la garganta e irrita las fosas nasales. En la Plaza Roja, más bien de color gris en estas fechas, miles de turistas desfilan con barbijos en un intento de cubrirse de alguna forma de la atmósfera irrespirable.
“Es terrible. Nadie dice que esta polución es tan dañina para la salud porque quieren evitar que cunda el pánico. Pero yo me quedo en casa, con las ventanas cerradas”, contaba Alexei, un moscovita de 28 años.
Pocos son los ciudadanos que se atreven a salir sin protección a la calle. El que no tiene una máscara recurre a un paño húmedo o utiliza algodón o vendas para protegerse. Varias mujeres llevaron a sus hijos al médico con eczemas en la piel o una tos persistente.
































