El 23 de octubre de 2011 tuvieron lugar las elecciones Paso (primarias abiertas simultáneas y obligatorias) para elegir presidente y vice, ocho senadores y el 50% de los diputados nacionales. Triunfó el Frente para la Victoria (FpV) con un 54% de votos, asegurando así la continuidad de su mandato. La sumatoria de los seis binomios opositores arrojó 46% y el mejor ubicado fue el FAP, con un 17%. A tres años del flojo desempeño del arco opositor, éste no abrió su cabeza, pues prosigue inexplicablemente con el pugilato interno para ubicar a muchos candidatos en la brida de largada. Es cosa de locos insistir con la oferta de tantos frentes abiertos. El intento de unir a la franja opositora creando el FAU (Frente Amplio Unen) me recuerda una familia afectada por problemas genéticos y árboles genealógicos dispersos que les impide encontrarse. El electorado (en particular el 46% que los votó en 2011) está esperando impacientemente las respuestas concretas y de peso frente a los múltiples problemas que nos agobian diariamente y que pueden hasta poner en peligro la estabilidad de la Nación. Estamos cansados de tanto izquierdismo, derechismo, centrismo, de fotografías que no dicen nada, de teorías abstractas, de retiradas del recinto legislativo al momento del voto. No desoigan lo que el pueblo les reclama: designen a quién va a representarlos, formen filas detrás de éste, preparen y expongan totalmente sus ideas y planes para que el país sacuda al marasmo que lo tiene aprisionado, lleven sus programas a todo el territorio nacional para que los conozcan, sean dignos opositores del oficialismo y pongan todo lo que hay que poner para triunfar. Si así no lo hicieren, el 2015 y la aplanadora oficialista que ya está calentando motores los van a pasar por encima más rápidamente que cuatro años atrás.































