No es mi objetivo hablar de la inoperancia que tiene la policía rosarina, pero sí me interesaría elevar una reflexión hacia la continua violencia futbolística. En un mundo donde a diario ocurren hechos de inseguridad, el fútbol debería ser un momento de recreación y alegría. Las canchas tendrían que llenarse de gente con ganas de ver a su equipo y aceptar los resultados pese a la bronca y enojo cuando se pierde. Las causas por las cuales ocurren estos hechos son múltiples, pero pienso que las consecuencias son aún mayores y de real gravedad: gente herida, muertes, niños que se asustan y lloran, y podría seguir con la corrupción, las quejas violentas hacia los técnicos y jugadores que terminan mal. Pero llegué a la conclusión de que la violencia va de la mano de la ignorancia. La ignorancia de aquellos que lastiman sus cuerpos y los de otros, generando disturbios en las tribunas, sin que esto logre solución alguna. La violencia no es la solución, ni el fútbol es el problema.
































