¡Qué pena tan grande invade mi alma! La alegría de una clasificación para el mundial 2010, aunque haya sido traída de los pelos, porque si bien ganamos y estamos clasificados, eso no garantiza un buen papel en el Mundial de Sudáfrica. Lo que si nos ha garantizado es la vergüenza ajena más grande de los últimos tiempos con los desafortunados dichos de Diego Armando Maradona. En cierta medida, lo disculpo, porque está enfermo. Solamente una persona enferma puede emplear la grosería más absoluta, la guarangada mas ordinaria, ya sea para dirigirse a la prensa, a la gente y aún en una rueda de amigos. Está representando a un país, a la gente de ese país que, gracias a Dios, la gran mayoría no es como Maradona. Muy querido como jugador, pero como persona ha dejado tanto que desear que tendría que tener la dignidad de llamarse a cuarteles de invierno y ver la forma de curar su cuerpo, pero fundamentalmente su espíritu y su conciencia. No nos has hecho ningún favor. Diego, arruinaste un poco más nuestra presencia a nivel mundial. Ya nada será lo mismo.





























