El feroz ataque de un zorro a dos bebés en la ciudad de Londres encendió la alarma por los peligros que puede llevar la convivencia de las personas con los hasta ahora considerado un símbolo bucólico de la capital británica.
La pequeña Lola tiene el rostro surcado por cicatrices y su párpado derecho quedará desfigurado el resto de su vida. A su hermana gemela, Isabella, le esperan largos años de rehabilitación, pues su brazo quedó destrozado entre heridas de mordiscos y arañazos. Ambas acaban de cumplir nueve meses, pero ya han vivido una auténtica pesadilla. Uno de los famosos zorros de Londres se coló en su dormitorio a principios de junio, mientras sus padres y su hermano veían la televisión.
Como hacía calor, la madre, Pauline, había dejado abierta la puerta que daba al jardín. Y lo lamenta todos los días, contó en una entrevista concedida a la BBC. Escuchó llorar a las gemelas y corrió al piso de arriba, pero cuando miró dentro de la habitación sólo logró gritar: las bebés estaban bañadas en sangre y a su lado, un tranquilo zorro apenas se inmutaba.
“Salté hacia él y ni se movió”, recuerda la mujer, de 41 años. “Estaba sentado en las escaleras, como si fuera un perro de la familia”, dijo el padre, Nick. Cuando llevó a Isabella al piso de abajo, la piel del brazo de la bebé se desgarraba. Después de aquello, la policía vio más veces al zorro, merodeando tras la puerta ya cerrada del jardín y arañándola como un perro. Por el momento no se sabe si estaba enfermo o sólo extremadamente manso. En la isla se considera que la rabia está erradicada.
Los zorros de ciudad o “urban foxes” son un símbolo de lo idílico en Londres. Pero poco a poco muchos se vuelven inquietantes, y desde hace 25 años son cada vez más. Se calcula que hay unos 10.000, que se alimentan de basura y pierden el recelo a los hombres. La mayoría de los londinenses puede contar alguna anécdota de tropiezos con zorros. A menudo, los animales los sorprenden, y son mucho más grandes que un gato.
Los responsables de controlarlos y, llegado el caso, de cazarlos, son las administraciones de cada barrio de la capital británica.
Pero muchos sostienen que los zorros son “un valor estimable de la naturaleza londinense”.
Según el experto John Bryant, los propios ciudadanos son en parte culpables del problema, porque “llegan incluso a alimentar a los zorros”. Lo sucedido debería ser una advertencia de que “no es buena idea hacer de un zorro un animal doméstico”. l



























