Inflación, inseguridad, injusticia, intolerancia, internismo son enemigos del pueblo. El gobierno no demuestra seriamente ningún interés, ímpetu, ideas, imaginación para acabar este estado de cosas. El oficialismo está de riña en riña con otros enemigos: los medios de comunicación son enemigos pertenecientes a corporaciones que buscan derrotar al modelo, la Corte Suprema de Justicia es enemiga pues sus fallos provocan daños y atrasos a la democracia, la Iglesia es enemiga desde que interpretó una real pobreza en el país, los sindicatos (aún los afines al poder) son enemigos desde que están solicitando paritarias con ajustes salariales exagerados, los hombres de campo siempre fueron enemigos e inconformistas por creer que su socio de la Casa Rosada se queda con gran parte de la torta, los empresarios son enemigos porque sólo sienten cariño por su billetera y no crean fuentes de trabajo, los inversores son enemigos porque no quieren venir a un país que no les inspira confianza, el FMI es un enemigo porque califica negativamente al Indec que miente sobre la inflación, el arco político opositor es enemigo porque pretende debatir las ideas oficialistas para oponerse a muchas de ellas, los gobernadores que se plantan frente al poder son enemigos porque predican desobediencia y son quejosos, los gobernadores que solicitan su correspondiente retorno en el sistema de coparticipación son enemigos además de malos administradores. Me parece que son demasiados enemigos contra un solo adversario. Si el oficialismo dedicara mayores esfuerzos para guerrear contra los enemigos del pueblo que citamos al comienzo de esta carta obtendrá mejores resultados que enfrentarse a imaginarios molinos de viento.































