Nuestro autódromo (creado como Ciudad de Rosario y ahora llamado con orgullo Juan Manuel Fangio) permanece cerrado y cuestionado gracias a nuestras autoridades municipales y tal vez provinciales, que nos ignoran. Cuando transcurrían los años 1950/60, los dirigentes de la Asociación Deportiva de Automovilismo (ADA) tuvimos el honor de traer a Rosario a las máximas figuras mundiales de esa época: Villoresi, Farina, Varzi, Príncipe Bira, Victorio Rozas, Oscar Gálvez y Boneto, entre otros, con sus poderosos Alfa Romeo, Ferrari, Masserati, Talbot, y también participó Fangio con la novísima Simca Gordini. Todas estas competiciones se realizaban en el parque Independencia. En esos años nos preocupaba no tener un lugar específico para realizar carreras y por considerar riesgosos los parques de la ciudad para el público y también los corredores, nos abocamos a buscar un espacio retirado del centro, no poblado ni habitado, y conseguimos estos terrenos, que eran cañadones donde ni los pastos dulces crecían. Los dirigentes deportivos nos preocupamos por tener un autódromo para la ciudad, pero los oportunistas al sentir el ruido de motores han ido trabando el desarrollo y crecimiento. Primero aparecieron precarias viviendas y luego al ver que esta zona inhóspita y deshabitada empezaba a estar concurrida aparecieron los licenciados en loteos y construcciones, y acto seguido los "antiautomovilismo": por los ruidos, el polvillo, el olor a gasolina, que nosotros los mecánicos y tuercas tanto queremos, y también formamos parte de la sociedad.



























