A poco de finalizar los Juegos Olímpicos tengo algunas reflexiones. Los que amamos el deporte y comprendemos sabemos de su importancia: aleja a la juventud de las drogas (comprobado en estudios muy serios y estadísticamente significativos), mejora la salud física y psíquica. En fin, tantas cosas para defender la actividad física. Y si observamos lo sucedido hasta ahora, excepto contadas excepciones individuales, en la mayoría de los deportes se destacan aquellos países fuertes económicamente que invirtieron en la promoción de todos los deportes. Los argentinos no clasificamos ni en fútbol, que es el deporte más practicado en nuestro territorio y profesionalizado al máximo. El esfuerzo personal de los atletas ha sido mayúsculo, aún no ganando preseas, pero sí luchando para llegar a la meta o tirar una jabalina más lejos o meter la pelota más veces en el aro contrario. Maravilloso el esfuerzo, pero la reflexión principal es una pregunta: ¿cuándo vamos a elaborar proyectos para el deporte a corto, mediano y largo plazo?. ¿Cuándo vamos a incentivar la práctica deportiva en las escuelas primarias, secundarias y universidades, o en los clubes ayudando a construir infraestructura? En fin, se me ocurren muchísimas ideas que espero también se les ocurran a nuestras autoridades. Se necesita dinero, es cierto, pero hay maneras con sponsors, empresas, los mismos clubes, los gobiernos municipales y provinciales, pero con una coordinación a nivel nacional. Y en los próximos Juegos Olímpicos no hay que ganar el podio sino que haya un argentino en cada competencia atlética.



























