La palabra sorpresa deviene muchas veces de algo inesperado, hecho por el cual no se comprende por qué algunas personas se ven sorprendidas por los dichos ocasionales del actor cómico, transformista y hacendado, hoy catapultado político de la ultraderecha destructora del país llamado comercialmente Miguel Del Sel. Adolezco de información fluida sobre los vaivenes de la farándula, pero gracias a su popularidad y su mal influenciada y equivocada intención política, los dichos de este señor se publican más enfáticamente, y en ese sentido diría que en los últimos tiempos ésta debe ser la desubicación número 100, por caso la entrega de los Martín Fierro. O sea para resumir éste caballero demuestra vivir desubicado, —palabra que significa fuera de su lugar natural—. Imaginen este actor cómico tratando un tema de Estado, o hablando en la Casa Gris abriendo el año parlamentario, ó presentando su plataforma política (¿tendrá ?); si alguien nace para pito, y además le da renta, se desubica cuándo pretende ser corneta utilizando los mismos libretos. Entre puentes colgantes desaparecidos, juguetes que nunca existieron, banco provincial mal vendido, deudas provinciales sin justificación, aumento desmedido de la planta permanente, otorgamiento de puestos altamente rentados a parientes y hoy cuna del narcotráfico, descreo y rezo para que la opción que nos queda no sea la de un cómico desubicado acostumbrado a comunicarse con palabras impropias, manejado y rentado desde las oficinas del lord mayor de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Estimado Miguel Del Sel, ojalá que el rédito de algunas de tus buenas imitaciones te haya dejado algo de conciencia de pueblo y sentido político, como la que supo tener la querida Negra Sosa; si esa imitación se te hizo carne, en honor a esa figura y su manera de pensar, hoy mismo deberías estar enviando una carta de renuncia a toda posible alianza con los que otrora fueran los enemigos hasta la extradición de la Negra, los mismos que, utilizando su mejor traje de camaleón, con la llegada de la democracia se atrevieron a darle un beso, y hoy pretenden, gracias a tu popularidad, usarte de mascarón de proa, sin descuidar sus repetidas y aún no debidamente juzgadas tramoyas. Miguel, tu equipo de trabajo son el Chino y el Dady, no te vendas a un poder que solo dejó miseria y rencores entre los argentinos, seguí haciendo reir pero desde el escenario. Te esperamos en el Broadway, afectuosamente.































