Produce impotencia ver conductores en la calle manejando con el celular en el oído, sin inmutarse. Con todo lo que se habló del tema y la grave disminución en la atención del que maneja, es preocupante el riesgo y que no se implementen medidas y controles serios y eficientes. Si a los hechos nos remitimos, parece preocupar poco. No sólo me remito a los imprudentes que siguen con este hábito. Los controles no se ven y si los hay son insuficientes ya que este panorama es diario, y a cualquier hora del día. Interesa realmente poco abocarnos a este riesgo tan innecesario donde nada más y nada menos que la vida humana está en riesgo ¿Qué y cuánto habrá que esperar? Porque pasa el tiempo y seguimos con cosas tan básicas y elementales sin solucionar. ¿No es acaso la prudencia la que nos asegura estar vivos? ¿Tan intrascendente resulta para algunas personas y para los que deberían controlar una realidad tan importante y tomar el tema para realmente revertirlo? Cuesta entender la inoperancia, la indiferencia, la lentitud innecesaria de situaciones que claman presencia, sensatez, prudencia y acción. Si a esto le sumamos otros desafíos que también se ven claramente en el tránsito, el retroceso humano es entonces innegable. Recaudos, atención, adultez y ante todo responsabilidad y eficiencia es algo que nos debemos en lo que a tránsito se refiere.































