Todos los días transcurren con algún que otro corte, piquete, campamento o similar, que origina otra serie de sucesos que sufre la generalidad de la gente, sin tener la culpa de sus orígenes ni la respuesta a sus soluciones. Los piquetes se pusieron de moda hace ya 10 años, sí 10 años soportándolos, como una manera de llamar la atención de los medios y de esa forma presionar, cuando no extorsionar, a los que de una u otra forma están dirigidos. Pero se llegó a un nivel tan alto de abuso de esa forma de protesta, que ya no extraña ver gente cortando las calles o las rutas para reclamar por trabajo, vivienda o subsidios, hasta cualquier ridiculez como pedir un semáforo, que se despida a alguna persona no querida de un lugar, etcétera. Esta exageración llevó a que el hartazgo sea tal, que en cualquier momento pueden llegar a ocurrir enfrentamientos graves entre los que protestan y los afectados directos, mientras las autoridades no hacen nada. Yo sufro todos los días el corte de la autopista a Buenos Aires y el de de la Circunvalación. Así, luego de todo un día de trabajo, me encuentro que a paso de hombre tengo que pasar por dos villas rezando que no me pase nada. Sabemos que para un socialista la policía estaría solo para dirigir el tránsito, jamás para reprimir para aplicar las leyes, que osadía. Tendrán que pensar que en las urnas el año próximo pagarán esta inacción por parte de todos los que nos hicimos una posición trabajando, sin pedir, sin que nadie nos regale nada. Y somos los que hoy bancamos las excentricidades, las veleidades y la inoperancia de esta gente que solo está en el gobierno porque los otros son peores, y que nos pretenden enseñar a manejarnos en la vida, cuando siempre han sido mantenidos politicos y nunca en su existencia han tenido que pagar un sueldo, ni mantener a nadie de su trabajo o su bolsillo. Triste decadencia de nuestro país desde 1930, que continúa hoy con los que extorsionan a los inoperantes y nos deja a los del medio atacados desde esos dos extremos, sufriendo las consecuencias de los desmanejos y locura generalizada reinante.



























