Lo más importante del año fue el censo. Desnudó una vez más la hipocresía del sistema electoral vigente. Con un 30 por ciento del electorado residiendo en el conurbano bonaerense queda suficientemente demostrado el porqué de la masacre del interior y su obligado desplazamiento a el más importante y pernicioso conglomerado habitacional argentino. Los beneficios que los políticos apoyados en el personalismo brindan a estos ciudadanos van en desmedro y son una transferencia invaluable de recursos genuinos (sin subsidios) generados por el productor del interior. Estos números demuestran que el voto directo a presidente es una burla al sistema federal, y el sistema representativo proporcional manejado a dedo por los líderes de las cúpulas partidarias (con residencia en Buenos Aires), a través de la lista sábana, y defendido por el progresismo intelectual universitario, es el cáncer linfático que se comió a la República. La verdad de la milanesa es que este sistema está para servir, lo mismo que hace 200 años, al puerto de Buenos Aires. "50 años de guerras intestinas para que el federalismo saliera en la foto y el unitarismo se quedara con el control político del territorio".
































