Lejos de la Cumbre del Clima de París
Al borde del suicidio como planeta. La Argentina parece no advertir la crucial importancia que tiene en este momento la cuestión ambiental, con eje en el dramático proceso de calentamiento global, que amenaza a todos.
7 de diciembre 2015 · 01:00hs
Buenos Aires y Montevideo se someterían a tremendas inundaciones en un hipotético pero posible futuro. Porque el río de la Plata, al igual que el Orinoco, el Támesis o el Mississippi, se vería seriamente afectado por un cambio climático que conlleve una subida de dos o tres grados del planeta. En las zonas de latitudes bajas las cosechas tendrían una caída alarmante de productividad, desaparecerían las lluvias en las zonas semidesérticas y, en sentido contrario, en las regiones de altas latitudes, como el norte de Europa, EEUU, Asia y Siberia aumentarían su disponibilidad de agua y se producirían problemas con el exceso de tormentas.
De esto se está hablando hoy en París, en la Cumbre del Clima.
La buena noticia es que hay mayor voluntad que en la reunión de Japón, el Protocolo de Kioto realizado en 1997, donde ni China ni Estado Unidos se quisieron comprometer en reducir sus emisiones de efecto invernadero. Hoy parece que hay sintonía, tibia pero concreta al fin, entre Barack Obama y el presidente chino Xi Jinping.
La mala noticia es que no queda claro si se asumirá una cota que no supere un calentamiento mayor a dos grados. Hablan de tres. Y los efectos mencionados, como las sequías y las inundaciones, son apenas algunos de los problemas medioambientales que nos aguardan en ese escenario. Así están las cosas.
Naomi Klein ha puesto énfasis en remarcar el vínculo con el modelo neoliberal con su afán de obtener beneficios sin frenos y la pérdida del planeta como un hábitat posible. En una entrevista en La Vanguardia Socialista (se puede leer aquí: http://bit.ly/1atO5nU) Klein advertía que no se trata tanto de buscar líderes carismáticos que nos conduzcan a la tierra prometida sino intentar impulsar instituciones y estructuras que nos lleven a un cambio de modelo.
Un planteo sensato en este sentido es medir cómo asumir la deuda ecológica, asumir los costes: un habitante de un país rico emite 38 veces más que el de un país pobre pero el daño es transversal. En esto también hay brecha.
El presidente François Hollande ha dado la bienvenida a todos los asistentes a la Cumbre resaltando que nunca se habían reunido tantos dignatarios para discutir la situación pero, a la vez, dijo una verdad tremenda: nunca estuvo tanto en juego, el planeta y la vida misma.
Argentina envió una delegación ínfima que se organizó con apuro hace una semana. No sabemos si el nuevo gobierno hará acto de presencia o se manifestará en algún sentido. Ni unos ni otros dan señal de atender este problema que sólo parece preocupar en nuestro país a los progresistas. Y también al Papa Francisco, que no quitó drama a nuestro destino como planeta: estamos al borde el suicidio, nos dijo a todos. Sobre todo a los argentinos, que parece que también en esto priorizamos lo urgente por encima de lo importante.