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Le pegó nueve tiros a uno de los ladrones que sorprendió en su casa

El miércoles a la medianoche un estruendo despabiló a un chico de 15 años tumbado en un sillón de su casa en barrio Roque Sáenz Peña. En una fracción de segundo el adolescente tenía...

Viernes 11 de Octubre de 2013

El miércoles a la medianoche un estruendo despabiló a un chico de 15 años tumbado en un sillón de su casa en barrio Roque Sáenz Peña. En una fracción de segundo el adolescente tenía encima a dos hombres que acababan de irrumpir violentamente e hicieron disparos ni bien estuvieron dentro. El dueño de casa no demoró en salir de una habitación con su pistola 9 milímetros reglamentaria. Se desató entonces un tiroteo enloquecido adentro de la casa que siguió hasta la calle. En medio del fuego cruzado, uno de los malhechores se derrumbó malherido en la vereda con nueve balazos en el cuerpo. Su cómplice logró escapar sin llevarse nada.

Este es el relato que brindó ayer el dueño de casa, José Luis P., un efectivo retirado de 63 años de la Prefectura Naval, en el juzgado de Instrucción Nº5, a cargo de María Luisa Pérez Vara. Tras la declaración indagatoria, quedó detenido imputado de tentativa de homicidio y portación de arma de guerra. Una fuente judicial señaló que el suceso podría encuadrarse en la figura de legítima defensa. El mismo planteo formulará Luis Tomasevich, el abogado defensor de José P.

El ladrón, Fernando G., recibió nueve balazos y quedó internado en calidad de detenido en el Heca. Anoche su estado era estable. Según el relato de José P, que reportó Tomasevich, todo se inició a la 0.30 del miércoles. A esa hora, dos hombres llegaron a una casa ubicada en la zona de Batlle y Ordónez y Salvá. Apenas arribaron, de un balazo derrumbaron la puerta ante la mirada azorada del nieto de José P. que estaba en el comedor. El chico de 15 años corrió hacia una de las habitaciones de la vivienda. La respuesta de uno de los intrusos no se hizo esperar. Jaló el gatillo del arma que portaba. Un proyectil no alcanzó al adolescente, pero impactó en el marco de una puerta.

La detonación alertó al dueño de casa que salió de la habitación empuñando una pistola Bersa Thunder calibre nueve milímetros —provista por la Prefectura Naval—. Mientras esto ocurría, su esposa y su hija con un chico de 4 años estaban en otro ambiente de la propiedad. Según su versión, los intrusos emprendieron el escape por un pasillo mientras disparaban. "Mientras retrocedían los tipos tiraron cinco tiros. Mi cliente los persiguió en medio de la oscuridad y disparando balazos", explicó Tomasevich.

La escena se prolongó en la vereda. Allí, uno de los malhechores se desplomó herido mientras su cómplice huia sin llevarse nada pero sí con el arma de fuego que portaba.

Por mano propia. En minutos varios vecinos de la cuadra se arremolinaron en torno de Fernando G., el ladrón herido, y lo molieron a golpes. "Cada uno de los vecinos le pegó una patada al ladrón", contó un allegado al caso. Al parecer, los golpes al ladrón continuaron hasta que llegó la policía. Los uniformados rescataron a Fernando G. y lo llevaron al Heca, donde quedó internado. Los médicos comprobaron las perforaciones de nueve disparos.

En la casa de José P. los efectivos de la comisaría 11ª encontraron cinco cápsulas de un revólver calibre 32, en el quincho y en una puerta. A su vez, en la vereda hallaron una vaina calibre nueve milímetros que los peritos de Balística deberán determinar si son del arma que portaba el efectivo de Prefectura o el ladrón baleado.

Tomasevich sostiene que el suceso debe encuadrarse en un caso de legítima defensa. "Pedí la libertad de mi cliente porque disparó para defenderse y además tenía permiso para la tenencia y portación del arma", sostuvo el abogado. Y también planteó una conjetura acerca del robo. "Creo que los ladrones tenían un dato equivocado. El propietario vive de una jubilación y tiene un auto viejo", afirmó.

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