Las decenas de temblores que sacuden a diario Chile desde el terremoto del sábado pasado mantienen en pánico a millones de personas y comenzaron a abrir fuertes grietas en la política, en especial en los cimientos de la popularidad de la presidenta Michelle Bachelet. Las críticas contra la mandataria, quien ya reconoció errores en la reacción ante el sismo y el posterior tsunami, no cesan y abren abismos en su intención de volver al poder en 2014.
Tampoco retroceden los cuestionamientos contra las Fuerzas Armadas, que tardaron dos días en movilizar a unos 10.000 hombres. Las voces en contra vienen incluso de generales en retiro.
"Mi gobierno hará todo lo que esté a su alcance para facilitar la instalación de las nuevas autoridades, porque todo Chile piensa que es la hora de la unidad", dijo Bachelet, tras una reunión con el mandatario electo, el opositor Sebastián Piñera, evitando polemizar.
Las palabras de Bachelet, quien tardó seis horas en llegar a la zona devastada por supuestos problemas de operación de los militares, buscan desviar el debate hacia la reconstrucción. El propio presidente electo, el opositor Sebastián Piñera, aunque deslizó críticas a la reacción del gobierno, inició gestiones para lograr un apoyo transversal al plan de reconstrucción que acometerá.
La tarea es enorme. Hay dos millones de viviendas dañadas, un cuarto de ellas graves. Cayeron puentes, hay carreteras afectadas y varios edificios públicos, como hospitales, quedaron inutilizados.
Chile, país habituado a terremotos, había logrado reaccionar con presteza a otros embates de la naturaleza, incluido por ejemplo el desalojo de miles de personas en 2008, cuando entró en erupción un volcán, sin dejar muertos. Hoy, en cambio, todo falló.
La Armada aseguró que no habría un tsunami cuando las olas gigantes azotaban ya las costas. El Ejército tardó tres días en acabar con los saqueos masivos y el gobierno demoró cuatro jornadas en llegar con comida a los pueblos.
La crisis puso en entredicho la capacidad de liderazgo de Bachelet ante grandes emergencias, el flanco que más le cuestiona la oposición. Alcaldes, personas sin rango alguno y los propios medios de comunicación clamaron por días una reacción. “Si es necesario que me ponga de rodillas, lo hago”, dijo incluso la alcaldesa de Concepción, Jacqueline Van Rysselberghe.
La verdad es que la situación era caótica. Cientos de comercios saqueados simultáneamente, policías desbordados y enfrentamientos entre civiles eran el panorama inicial, en un país que brilla en América latina por una estabilidad casi aburrida.
Fuertes réplicas en el centro y sur del país revivieron ayer el pánico. Uno de esos movimientos alcanzó los 6,6 grados en Concepción, una ciudad de 670.000 habitantes duramente azotada por el terremoto.
Al mismo tiempo se reproducían confusas cifras oficiales sobre el número de muertos y se produjo la destitución del jefe de un servicio de la Armada que falló en alertar sobre los tsunamis que arrasaron la costa del país. El oficial había desestimado el riesgo de un tsunami, que sin embargo existió y fue devastador.
La destrucción dejada el sábado pasado por el sismo y los tsunamis impactará a la economía de Chile, una de las más estables de la región, anticipó el ministro de Hacienda, Andrés Velasco.
La furia de las olas era todavía visible el viernes en el puerto de Talcahuano, donde el mar desplazó un carguero de 175 metros de eslora y barcos de pescadores fueron catapultados a kilómetros de distancia.
“El olor a pescado en el centro de Talcahuano es intenso. La gente se queja de que la ayuda aún no les llega, en medio de toneladas de sedimentos que cubren las calles”, dijo un testigo.
Especialistas han calculado los daños de la catástrofe en unos 30.000 millones de dólares, equivalente al 15 por ciento del Producto Interno Bruto.
Velasco dijo que en el corto plazo el país cuenta con recursos, pues dispone de fondos soberanos por unos 14.000 millones de dólares.
Con miedo. Mientras el gobierno trazaba planes de recuperación, en las zonas más golpeadas muchos sobrevivientes seguían paralizados por el miedo seis días después de la tragedia.
En Constitución, una de las localidades arrasadas por la fuerza de las olas, la gente se negaba a bajar de los cerros a donde corrieron en busca de refugio.
“Yo trabajo en la industria forestal, pero no me he presentado al trabajo. Igual tenemos miedo y no voy a dejar a mis hijos, a mi casa y a mi familia sola por bajar a trabajar”, dijo Zacarías Rodríguez, de 42 años.
La cifra real de muertos dejada por el peor desastre natural en los últimos 50 años en Chile es toda una confusión.
En la noche del jueves, el subsecretario del Ministerio del Interior, Patricio Rosende, informó que las autoridades habían identificado a 279 fallecidos, un día después de comunicar que los muertos alcanzaban los 802 sin dar nombres.
En medio de las réplicas de ayer, Bachelet se reunió con el presidente electo, Sebastián Piñera, para definir las líneas de acción cuando comience la fase de reconstrucción.a de alerta temprana” ante catástrofes.
Ayer aterrizó en Santiago el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, para evaluar los daños.
A la caza de saqueadores. Por último se supo que la Justicia inició la persecución de las miles de personas que participaron en los saqueos masivos. La fiscalía de la zona centro norte de Santiago pidió material fotográfico y televisivo a las agencias de noticias internacionales que grabaron diversas imágenes de los robos.
Miles de personas, de toda clase social, saquearon los comercios de ciudades como Concepción, Lota y Coronal, en el sur de Chile. Inicialmente algunas mujeres sacaron leche y pañales, pero luego la situación se desbordó y llegaron delincuentes y familias enteras a buscar vino, carnes y televisores de plasma, entre otros bienes no esenciales.
Las agencias de noticias internacionales aún no deciden cuál será su posición jurídica, dada la legislación chilena ante el tema. (Reuters y DPA)