Como ciudadana rosarina me asiste el derecho de acceder a las diferentes ordenanzas municipales que pretenden regular con eficiencia el quehacer cotidiano de la ciudad. Mi inquietud es la de saber a ciencia cierta si dichas ordenanzas, cargadas de los mejores anhelos para una ciudad digna se cumplen en su totalidad. Mi interrogante gira sobre obras en construcción, salud, confiterías bailables, higiene, seguridad, educación, tránsito, parques y paseos, transporte, etcétera. Luego de haber accedido a algunas de ellas, me invadió la inquietud de comprobar si tan inteligentes medidas son aplicadas en la práctica diaria o sólo quedan en el prolijo archivo del Concejo Municipal. Entiendo que debe haber personas que ejercen el poder de contralor de su cumplimiento. Aún así nosotros, los destinatarios, muchas veces observamos las infracciones a las reglas y nos quejamos casi cotidianamente. Me pregunto: ¿qué hacemos para lograr habitar una ciudad más pura, limpia de transgresores, delincuentes, con un tránsito sin peligro, con niños y ancianos saludables? Quizás la voz del pueblo rosarino debería elevarse con fuerza y hacer llegar su clamor ante quienes corresponda. Sumando y exigiendo. Lo considero nuestro deber, nuestro derecho y además tiene que ser nuestro compromiso.



























