De los países de la América España siento una particular atracción por México por su historia en primer lugar, y por otro, por sus expresiones culturales y su forma intensa de vivir el mundo político.

De los países de la América España siento una particular atracción por México por su historia en primer lugar, y por otro, por sus expresiones culturales y su forma intensa de vivir el mundo político.
El pintor, ilustrador y caricaturista mexicano José Guadalupe Posadas (nacido en Aguascalientes el 2 de febrero de 1852 y fallecido en la ciudad de México el 20 de enero de 1913) juntó todos esos mundos.
Posadas, célebre por sus dibujos de escenas costumbristas, folclóricas, de crítica socio-política y por sus ilustraciones de calaveras, vivió esos años de comienzo del siglo XX con la misma agitación del país todo anticipando mucho de lo que ocurrió después de 1913, un año antes de que el mundo se despertara de un sueño mentirosamente apacible y se encontrara con esa olvidada pesadilla de la guerra del 14.
México transitó esos años en una agitación fuera de lo común y en ese escenario vivieron su vida de esas calaveras que dejó Posadas como testimonio de su arte que siempre se mostró solidario de los movimientos populares.
Posadas grabó con su buril en láminas de zinc sus grabados, cerca de quince mil trabajos que se perdieron en gran parte o que el tiempo los maltrató con extrema severidad. A cien años de su muerte no hemos podido certificar cuánto es lo que ha quedado de sus grabados.
Aquí en nuestro país, se editó hacia 1943 un pequeño volumen, con prólogo y cuidado gráfico de Luis Seoane muchos de sus grabados incluidas unas cuantas muestras de sus calaveras (“calacas” en la jerga azteca). La edición corrió por cuenta de Nova, en su colección Mar Dulce.
Hace añares llegué a tener una buena cantidad de obras sobre distintos aspectos de las historia mexicana, en especial la serie de tomos publicados por el Fondo de Cultura, pero esas obras, con pocas excepciones, ya no se encuentran a mi alcance.
Incluso tenía obras dedicadas específicamente a la tradición de las “calaveras” en la cultura popular mexicana. De cualquier manera creo que reproducimos una buena cantidad de grabados de Posadas, que bien se pueden ajustar a un tamaño más pequeño que el que utilizamos habitualmente.
Son bellas, en su sabor popular, y nos muestran a las calaveras en el ejercicio de una vida que nace en esos huesos desnudos tan expresivos. La calavera alcohólica, que mientras va tomando fuma un “pitillo”; el revoltijo de calaveras de muchachos papeleros; la formidable escena de baile en el “jarabe” de ultratumba; una cabeza huertista, que en su cuerpo de insecto hace palpable la traición cometida por Huerta y sus seguidores; la expresiva calavera zapatista; la magnífica “todos se mueven, todos trabajan”; la pareja que canta “ni aquí te olvidaré”; el cuarteto de calaveras, algunas dialogando, otras viviendo sus amores, y otras explícitas en su sentido y sorprendente por la calidad lograda en el grabado, por ejemplo en la chispeante y divertida calavera de Doña Tomasa y Simón el aguador.
Con motivo de cumplirse los cien años de José Guadalupe Posadas se tienen preparadas algunas muestras dedicadas en especial a las calaveras, pero abarcando la historia del arte mexicano hasta nuestros días.


