Desde los históricos tiempos del tranvía 25, de los colectivos de color azul y blanco de la empresa 9 de Julio que iban a San Lorenzo, de aquellos que pintados de rojo y azul llegaban hasta Puerto San Martín, del TATA de color verde y El Rápido con la figura de un galgo blanco. Desde los días del 210 y los trolebuses, miles de pasajeros sufrieron las demoras insoportables que se producían en la avenida Alberdi debido a la circulación y a las maniobras de los trenes en la Parada Castellanos, en la "vía del medio" y en la del cruce Alberdi, que era el más aterrador de los tres pasos a nivel. Esos pasos fueron durante años uno de los métodos más eficientes que se hayan conocido para hacerle perder tiempo a la gente, originando la mayor cantidad de maldiciones que se pronunciaron (secretamente o a viva voz) por estas latitudes. A mediados de los años 60 fue tal el descontento y la presión que comenzaron a generar los sufridos usuarios que se comenzó a hablar de la construcción de un puente que obviara las dificultades ocasionadas por esas tres odiosas vías. También se mencionó la posibilidad de unificar las estaciones Central y Norte y trasladarla a la periferia de la ciudad, o de construir un túnel debajo de los tres pasos a nivel, pero esos proyectos pronto alcanzaron la categoría de utopía. Hasta que por fin, un glorioso día, comenzaron las obras del puente. Pero cuál no sería la sorpresa general, al comprobarse que la soñada y salvadora realización vial tendría otra dirección geográfica, cruzando sobre la playa de maniobras del Ferrocarril Mitre ubicada al oeste de la avenida Alberdi. En 1971 quedó terminado lo que se conoce popularmente como Viaducto Avellaneda, que salva la dificultad de las vías permitiendo acceder a la calle San Lorenzo para ir al centro; o tomarlo a la altura de calle Santa Fe si se quiere ir hacia el norte, lo que no es todo lo práctico que se esperaba. Hoy la Parada Castellanos no existe pero el paso a nivel contiguo a la calle Salta, tradicionalmente conocido como Parada Cruce Alberdi, sigue siendo una pesadilla (con el viejo truco de las maniobras de alguna formación), para quienes no tenemos mejor idea que llegar hasta allí por avenida Alberdi o por calle San Nicolás. Las barreras bajas provocan dos o tres cuadras congestionadas de automóviles y colectivos, como también el infernal repertorio de bocinazos producidos por quienes piensan que los que están detenidos lo están de graciosos que son, o porque no tienen otra cosa mejor que hacer. La única diferencia con aquellos lejanos días consiste en que ahora circulan menos trenes, pero cuando se produce una demora, ésta suele llegar hasta los 30 minutos; y de acuerdo a las condiciones económicas y a la gestión ferroviaria imperantes, creo que el viejo cruce Alberdi será por mucho tiempo el paso a nivel más temido de la ciudad.


































