Deseo llamar la atención sobre una nota publicada en este diario el 5 de agosto en página 19, que transcribo textual: El juez de la Corte Suprema de Justicia, Eugenio Zaffaroni, calificó ayer como error político las salidas de presos que el gobierno enmarcó en programas culturales porque según consideró hay que evitar el escándalo, y agregó: "los medios pueden hacer un escándalo de cualquier cosa y hay determinadas cosas que no se deben hacer para evitar el escándalo. Hacer estas cosas significa de manera clara quemar las banderas". Toda esta perorata en boca de un juez de la Corte Suprema me lleva a la siguiente reflexión: no importa si lo que hagas esté bien o mal, que sea o no legal, lo importante es que no te descubran, que no se vea, que no se aviven. Pareciera ser este el núcleo del problema de la seguridad en Argentina, cuando tenés la casi certeza que no te pueden pescar, como cuando se corta la luz, cualquiera se vuelve delincuente. Palabras como ética, moral o disciplina son válidas sólo para los giles que tienen más miedo que convicciones. Por eso la situación del país se parece a la del tiempo de los malones y rastrilladas que se llevaban ganado, caballos y hasta las mujeres de los poblados. Si los miembros del Poder Judicial, que tienen que aplicar la ley, prefieren mimar a los delincuentes a ver si se regeneran, ¡pobres chicos!, Argentina no tiene destino.



























