Nuestra inefable Cristina, con su hiperactividad tan prolífica, veloz y tan capaz de llenar espacios discursivos inconscientes e históricamente discutibles, nos preanuncia otros diez años de permanencia. Ello hace deducir que en algún momento aspirará a que le antepongan el distinguidísimo SM (Su Majestad), real e inconmoviblemente. Pero la picardía criolla seguramente descubrirá que dichas iniciales se prestarían a usarlas como sabandija mayor por el fiel reflejo de sus actitudes, evasivas y manejos de la historia tan originales como inimaginables, sorpresivos y falaces. Deberíamos rogar que si se produce una nueva repetición de resultados eleccionarios, todas las “maravillas” logradas se multiplicarían. Así podríamos vivir sin inflación, con una seguridad ciudadana inigualable, sin efectos funestos de la droga que mata a nuestros jóvenes, con nuevas fuentes de trabajo que eliminen el desempleo, con energía eléctrica y de combustibles accesibles y sin repartir subsidios, prebendas ni asignaciones familiares que favorecen la vagancia repartiendo las reservas obtenidas con el esfuerzo de toda la ciudadanía, dilapidando sin frenos ni responsabilidad los fondos ajenos. Pero sobre todas las cosas, devolviéndole a los pasivos su bienestar abonándoles lo que la ley vetada por la presidenta no les otorgó haciendo justicia. Para dar el golpe de timón necesario, es necesario rodearse de gente idónea y experimentada, de reconocida honradez en sus procederes profesionales, para llevar adelante planes concretos que nos conviertan nuevamente en el país que fuimos ante el mundo.






























