Aun recuerdo como ayer el día que mi señora pronunció la frase "La pelota de Daniela no pica", en clara alusión metafórica a que en ese día estaban levantando los pisos de la cancha de básquet de nuestro querido Newell's, donde nuestra querida nieta Daniela practicaba con alegría su amado deporte. Luego las otras disciplinas que ahí se practicaban en forma amateur fueron corriendo la misma suerte, y con ellos la desilusión de quienes con pasión y sacrificio participaban. Lograron así una lenta agonía de la concurrencia que día tras día pisaba el querido club. Recuerdo un sábado del 2004 en que el fortuito destino me llevó acompañar a un familiar lejano que quería conocer el estadio. Sólo venía concurriendo al estadio los partidos en que Newell's jugaba de local, y el haber ingresado a ese cementerio me produjo una sensación que jamás podré olvidar. Sólo había un grupito de muchachos utilizando un parrillero mientras otro centenar de los mismos lucían vacíos. Me acerqué a donde tantas tardes acostumbraba a ver a mi única nieta jugar al básquet y querer evitar derramar unas lágrimas fue imposible. Ya no se escuchaban los clásicos ruidos de niños corriendo, sólo un silencio estremecedor que se mezclaba con las conversaciones del grupo que compartía un asado. Me detuve a observar a los mismos y recuerdo claramente que uno de ellos, ante la mirada expectante de todos, narraba anécdotas, que aunque poco creíbles, resultaban muy graciosas sobre todo las que satirizaban a personajes de en ese entonces miembros de la comisión directiva. Ya no estaba el piso donde Daniela hacia picar su pelota, lamentablemente ni siquiera está ella para poder hacerla picar, pero el hecho de haber pasado este sábado por el club y no sólo ver el mismo grupo de aquella vez, sino mucha gente más, me hace sentir que estamos nuevamente por el buen camino, ese que nunca tendríamos que haber dejado. ¡Vamos mi querido Newell's todavía!




























