Hace días, leyendo una publicación referida a nichos, panteones y su mantenimiento, intenté analizar las problemáticas expuestas. Es imposible pretender que la sociedad actúe como en el siglo pasado, razones de distinta índole impiden aquel ritual entierro emparentado más con la moda y el boato que con la enorme tristeza que provoca una muerte. A la velocidad de los tiempos, las economías en crisis, la preferencia por la cremación, la comodidad, se ha sumado la pérdida del "respeto" entendido como atención, manifestación de cortesía y no solamente para con los difuntos sino para con el prójimo. Quien habita un edificio conoce los inconvenientes que desatan las expensas impagas, no hay legislación que agilice o defina el estado de los morosos. Este parecido con lo que ocurre en los cementerios me permite concluir que si la gente puede ignorar a los vivos, por qué no olvidar a sus muertos. Tradiciones, cultura, en constante transformación hacia una laxitud extrema, cero responsabilidad, ningún compromiso y allí la debacle. Las mutuales denuncian un déficit alarmante, declaran una tasa media anual de mantenimiento de nichos por debajo de la real y reclaman al Concejo modificación de la ordenanza que impide "desalojar" difunto de deudo deudor. La Municipalidad empeñada en sumar espacios culturales recupera el patrimonio histórico de las necrópolis para un público interesado y olvida sanear las dificultades que enfrentan quienes conservan el hábito de visitar a sus familiares. Desidia y abandono, incompetencia de las autoridades. Perros que no quieren abandonar a sus dueños, flores sin agua porque amenaza el dengue o tal vez porque en su gran mayoría no existen los grifos, encontrando en su lugar un palo de escoba que tapona la cañería, mientras el líquido elemento se escurre inadecuadamente. Nichos en las galerías de El Salvador sin carteles de alerta, lucen cúmulos de tierra y telarañas, brindando un aspecto lúgubre, triste, aprovechable sólo en las visitas nocturnas. Entonces, expuesta esta realidad pienso que sin esfuerzo ni coordinación de organismos, funcionarios, "copropietarios" será difícil corregir las deficiencias. Valoro el empeño en rescatar obras de arte, restaurar, remodelar construcciones y despertar la memoria colectiva de la ciudad mediante actividades culturales que comprometan especialmente a los jóvenes. Reverenciar el pasado para seguir andando. Sugiero prescindir de la idea del café-bar en el edificio histórico recordando que sólo debe reinar la paz de los cementerios.
































