La calma chicha ronda sobre el crujido de las hojas de otoño. Juan tiembla y parece hundirse entre las maderas del banquito de la plaza. Detrás del cerco una silueta lo acecha en la densa quietud que empieza a cerrarse con la oscuridad de la noche.

La calma chicha ronda sobre el crujido de las hojas de otoño. Juan tiembla y parece hundirse entre las maderas del banquito de la plaza. Detrás del cerco una silueta lo acecha en la densa quietud que empieza a cerrarse con la oscuridad de la noche.
"Ruidos molestos o el amor de Andrea", de Pablo Albarello, es otro producto que tiene la marca vital de un grupo de actores jóvenes. Una historia dramática que se apoya en la fuerza de los primeros pasos por el camino de la actuación y que se presenta todos los domingos a las 20.30 en el Cultural de Abajo, en San Lorenzo y Entre Ríos.
La base se construye sobre un triángulo amoroso: Juan (Juan Onetto) es un poeta soñador que mantiene una relación con Andrea (Aldana Suárez). El tercero en cuestión es Pescado (Lisandro Quinteros), un pibe chorro, la silueta que aparece detrás del cerco.
Pescado irrumpe en esa placita y encañona a Juan. La tensión se cobra los primeros minutos de la obra y empieza a transformarse en un drama que rebota en los tres vértices de esa bola de furia y deseo que anuda las puntas.
Andrea, víctima y victimaria, aparece pocos momentos en escena, es un personaje con una presencia casi espectral que al mismo tiempo parece manejar los hilos de la marioneta triangular.
El pequeño mundo en el que se introduce el espectador se proyecta desde esa misma plaza, atravesada por una infinidad de vectores que atraviesan nuestra violencia cotidiana, la que palpamos todos los días en la calle.
Hasta hace muy poco tiempo podríamos pensar que este drama pasional interpelado por el mundo del delito podría ubicarse en el conurbano bonaerense, un territorio minado por la construcción mediática en torno a la problemática real de la inseguridad. Andrea, Juan y Pescado podrían formar parte de los registros de "Policías en acción".
Sin embargo, a lo largo del último año cobró particular resonancia la escalada que se agudizó con una decena de casos vinculados al narcotráfico en nuestra región. Este contexto puede llamar la relectura de "Ruidos molestos", una historia de amores cruzados que gravita en el peso de la responsabilidad de dos hombres acerca del control de un territorio preciadísimo: el corazón de una mujer.
Modelos masculinos. Juan y Pescado representan dos modelos masculinos con perfiles bien diferenciados en el que cada uno trata de imponer su propio relato y el singular modo de control sobre el otro, y al mismo tiempo desnudan sus más desoladas fragilidades. Una disputa que se celebra en la intemperie de ese cuadrilátero. Cuando ese privado triángulo de pulsiones intenta resolverse, el contexto vuelve a irrumpir en escena, una y otra vez. Los ruidos interiores empiezan a confundirse con las molestias de la intolerancia, la impunidad y las sirenas. En Ricassoli, el vecino que no descansa, se concentra el poder de ese contexto que irá complicando las cosas.
El espectáculo, la primera experiencia en dirección de Alesandra Roczniak, propone un pequeño universo sostenido por la incipiente convicción de tres nuevos actores que aportan la vitalidad necesaria para renovar los brotes de la cartelera local.
Control
La obra es una historia de amores cruzados que gravita en el peso de la responsabilidad de dos hombres acerca del control de un territorio preciadísimo: el corazón de una mujer.


