En la Aduana Argentina suelen quedar retenidos, por cuestiones burocráticas, materiales, libros, autobombas, ambulancias, instrumentos, elementos médicos y diversas maquinarias donadas por entidades extranjeras a instituciones oficiales y privadas de nuestro país. La demora suele ser tan grande que al abrir un contenedor se encuentran, por ejemplo, artículos sanitarios descartables inutilizados. Según primera ediciónweb.com.ar, la localidad misionera de Puerto Esperanza espera contar con la autobomba donada por la ciudad alemana de Wall, autobomba retenida por la Aduana Argentina que exige para su entrega un pago por derechos de importación que supera el del valor del vehículo. Las gestiones de la Cancillería alemana ante el gobierno argentino no prosperaron. El diario "Müncher Merkur" de Munich, comentó que "En la Argentina hay inflación; quizá la presidenta quiera demostrar que a pesar de los problemas económicos el país no necesita regalos; falta un sello que certifique el acta de donación y, al parecer, existe una directiva de la presidenta Cristina Fernández de no refrendar las actas de donación". Hasta aquí, el comentario del sitio web referido. Para terminar con la burocracia aduanera, el diputado por Misiones, Alex Ziegler, presentó en noviembre de 2012 ante el Congreso nNacional un proyecto de ley para garantizar la entrega urgente de cualquier tipo de donación, que además deberá estar exenta del pago de los tributos que gravan la importación, cuando se trate de envíos con claro fin solidario. En otro orden, suelen aparecer trabas políticas entorpeciendo el desarrollo de algún interesante emprendimiento oficial, con el mezquino propósito de quitarle mérito a una iniciativa de bien público originada en una administración de diferente signo ideológico. Un caso emblemático es el del "tren urbano" en la ciudad de Santa Fe, donde está todo absolutamente listo para que funcione. Cuenta con dos coches autopropulsados que están parados desde hace dos años; con las vías en condiciones y con el recorrido delineado. Sólo falta la autorización de la Subsecretaría de Transporte Ferroviario que tiene jurisdicción nacional sobre las vías. Esta institución estaba a cargo del señor Guillermo Antonio Luna, que según afirma el titular de la UCR nacional, Mario Barletta, no firmó la correspondiente autorización por ser el gobierno santafesino de otro signo político. El señor Luna fue reemplazado en septiembre del año pasado por el ingeniero Raúl Baridó, de quien se espera una actitud más acorde con la necesidad ferrourbana de nuestra capital provincial. Lo cierto es que por la burocracia aduanera o por falta de grandeza política, el resultado tiene un solo nombre: perjuicio. Cuántas cosas beneficiosas para la comunidad podrían lograrse si se desterraran esos procederes. Nuestro país lo reclama con verdadera urgencia.































