En la madrugada del 14 de febrero, nos disponíamos con mis amigos a festejar mi cumpleaños y elegimos uno de los boliches más "prestigiosos" de la ciudad, ubicado en Francia y Brown. Nadie nos pidió documentación, por lo que la edad no era un factor excluyente. Pero nos topamos con un factor que estaba lejos de nuestras precauciones. Ante nuestra mirada atónita y con impotencia, escuchamos a un señor que nos decía: "No entra porque es gorda", "tenemos que mantener una línea". Le pregunto a este señor, ¿de qué línea me está hablando?, ¿de la línea de la discriminación y del desprecio? Usted a esa línea ya la conoce, porque hace rato que la viene cruzando. Esa es su única línea. El hecho que me tocó vivir hoy me sigue indignando. No puedo aceptarlo ni quedarme callada. De boca de otras personas, supe que no es la primera vez que sucede. Seamos sinceros: todos alguna vez presenciamos algún hecho de este tipo. Convivimos con la discriminación y siempre nos mantenemos al margen. Es hora de que nos posicionemos. No seamos más cómplices de aquellos que creen poder manejarnos. No nos quedemos callados. Las injusticias son muchas y la justicia no basta. Estoy cansada de que la soga tire siempre para el mismo lado.
































