La tercera semana de Mayo de 1810 fue una semana de situaciones inconclusas para el gobierno español, lleno de cicatrices en el continente europeo y con la anestesia que luego le iba a propinar un grupo de patriotas a la hora de saber concienzudamente que Cisneros ya no debía ser quien dirigiera el futuro de estas tierras. Ilustres como Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Domingo Matheu y con un secretario como Mariano Moreno en la Primera Junta de Gobierno, sellaban una predicción que marcaría la tendencia que llevaría a otro ilustre años después, don José de San Martín, general de las fuerzas del Río de la Plata, a pensar en una libertad de aquellos que nos marcaron los pasos del colonialismo español. Pero donde aparece el corolario de esta situación de ese 25 de Mayo de 1810, sólo en un tip imperceptible, fue en el pasado miércoles, en la Capital Federal. Rodeados de solicitud de justicia bajo un "enjambre de paraguas", una multitud sostenía con un silencio inquebrantable el pedido de un montón de almas de este país que lo único que pretende es simplemente vivir en libertad y que cada uno de los poderes se haga cargo de sus responsabilidades para llevar adelante una República y que en este continente vuelva a tener el protagonismo que otrora le fuera distinguido por las naciones del mundo. Hoy la sociedad está marcada por el dolor, pero en todo el país, los ciudadanos que vivimos en él no estamos dispuestos a ver un país colmado por el miedo, la desilusión y el antagonismo político, que lo único que ha logrado es ponernos en veredas enfrentadas, logrando una disputa desde lo político hasta la más mínima posición social que proponga en un barrio de cualquier ciudad. ¿Dónde estamos y qué pretendemos? Todos aquellos que nos consideramos pensantes esperamos respuestas. Pero lejos de esto, la antipatía cotidiana por el otro persiste hasta en la forma de mirarnos a la hora de cruzar la calle. Los argentinos debemos detenernos a ver, a pensar, a meditar qué queremos de nuestra patria, porque la sensación ya ha dejado de ser, es un hecho donde estamos inmiscuidos todos los que habitamos esta tierra. Lamento aquellos que poco se dan por aludidos, no sólo por esto, sino porque además entristece el posicionamiento de gente que trabaja, que proyecta, que quiere "ir por más" y no "ir por todo". Pero esto será válido si lo hacemos juntos con el único miramiento que deberíamos tener, que sería nuestro futuro, al cual lo estamos hipotecando de esta forma. Hay que fijarse en cómo monitorear el disenso. A simple vista, el pasado miércoles, el gobierno, a pesar de todo, tuvo una oportunidad histórica, ya que si la presidenta se hubiera puesto al frente de esta marcha, más allá de todas las diferencias, creo que en un abrir y cerrar de ojos hubiera producido un cambio impensado. Insisto, quien está al frente de esta Nación, hubiera producido un verdadero hecho histórico.
































