Sin dudas estamos frente a uno de los peores períodos de la educación de la provincia de Santa Fe y no todo se reduce a la variable económica, que de por sí es muy crítica. El documento con el que se cambió la currícula para 1º y 2º años del nivel medio es sólo un borrador de algo, de algo que no es ley, que no es resolución, pero se le ha otorgado desde el gobierno una fuerza tan arrolladora como para modificar obtusamente no sólo la educación sino también la vida de sus trabajadores. Los reclamos de los docentes de historia, de lenguas extranjeras no sajona, de biología, no han sido oídos; las posibilidades de paros por falta de atención a la cuestión salarial, de vivienda, son materia de reclamos constantes. A los docentes se nos responde con un lenguaje vulgar e inmerecido, como decir que "para pagar los sueldos de la provincia hay que rascar en la olla". Se nos dice de antemano que ni soñando se puede recomponer nuestro sueldo, pero a su vez las exigencias siguen, nos llueven documentos para analizar en reuniones plenarias, pero las verdaderas necesidades de los docentes y del alumnado no se atienden. Se vive una crisis profunda, una crisis centrada en la verticalidad de la comunicación que terminan pagando los educandos y los trabajadores. Aquí vuelve a verificarse el famoso y sabio dicho que dice que no hay mejor sordo ni mejor ciego que el que no quiere oír ni ver; y así andamos mal, muy mal, y es bueno que todos lo sepan.































