Leí una carta de lectores en la que su autor, cansado de las justificaciones de los jugadores (que expresan que “jugaron bien, pero perdieron”), termina diciendo “jueguen mal, pero ganen”. No entiendo de fútbol, pero estoy al tanto de que existen 22 jugadores principales o sea 22 seres humanos. He presenciado una competencia de natación con jóvenes discapacitados que me marcó el sentido de lo que es competir con valores. Una niña con síndrome de Down paró de nadar en el medio de la piscina y comenzó sonriente a saludar a sus familiares y amigos. Esta actitud arrancó sonrisas, lágrimas de emoción y un grito de su entrenador que le decía que continuara nadando. En una camiseta decía “lo importante no es caerse, sino levantarse y seguir intentándolo”. Esa niña nos dio una lección: sus valores no eran puntuaciones numéricas, sino prodigar su amor (valores éticos). Es cierto que los valores morales se han dejado a un lado por ese presente social competitivo y avasallante, donde se nos evalúa constantemente en lo que tenemos para dar, con puntuaciones numéricas (aprobamos con un puntaje en la escuela, facultad, certámenes, candidatura a cargos políticos). Quizás hoy, más que nunca, uno se pregunta: ¿por qué todas esas “ollas destapadas en la política” no inciden en la valoración, llegado el momento de elecciones, de quienes deberían controlar que no existiese la corrupción? Pero, es la misma paradoja que nos demuestra que un jugador es aclamado y considerado un Dios porque nos hace ganar, no importa que para ello haga trampas o pisotee a quien se ponga en su camino. Existen una serie de expresiones contrastadas que circulan en la web: cuando antes se decía “loco de m…” ahora se le llama “transgresor” o “impunidad de delincuentes” ahora “fueros”. Y redondeo la idea con la frase de Albert Einstein: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”, tomándome el atrevimiento de agregar, para ello: esfuérzate y dignifica el logro.
Silvia Buonamico































