Hace algunos días tuve la desagradable experiencia de padecer la singular forma de mostrar desacuerdos que lamentablemente se practica diariamente por los motivos que se nos ocurra. Me estoy refiriendo al corte de rutas que los obreros de la empresa Paraná Metal llevan a cabo en la ciudad de Villa Constitución, pero podría hablar de cualquiera de la decena de cortes que se efectúan a diario en nuestro bendito país. Sinceramente opino que se equivocan. Obviamente cumplen con creces el objetivo de llamar la atención, pero lejos de encontrar solidaridad en su protesta, obtienen malestar de la mayoría de las personas que debemos transitar por la autopista a Buenos Aires. Incluso les ocurre a los habitantes de su misma ciudad, con los que en gran número tuve oportunidad de conversar. No busco en estas líneas crear enfrentamiento alguno, ni analizar legalmente si alguien tiene más derecho que otro a cortar o a transitar libremente, sino llamar a reflexión, analizar si este es un camino válido, ético y justo para manifestarse. Noto a mucha gente enojada, y todos sabemos que la violencia sólo genera más de lo mismo. Para los habitantes de cualquier país serio, desarrollado, la inacción de las autoridades responsables de resolver este conflicto sería inadmisible e incomprensible, pero al parecer nosotros nos estamos acostumbrando.



























