Nuestro país está asolado por una criminalidad pocas veces vista. Los poderes de turno juegan al pito catalán ignorando la inmediatez de las medidas que deben tomarse. El gobierno central está absolutamente dedicado a repetir en el futuro su modelo populista para el que no hay diferencia entre víctimas y victimarios. La tristísima clase política invierte su tiempo en asegurarse la reelección de puestos para seguir gozando sus beneficios.El Poder Judicial no está en condiciones de fallar ni un caso de criminalidad por la carencia y endeblez de leyes específicas. Las instituciones armadas no actúan hasta que un augusto pulgar se incline para arriba o para abajo. En el interín y sin enemigos a la vista los delincuentes prosiguen incesantemente su diaria tarea de robos, asaltos, crímenes, toma de rehenes, golpes comando. Ellos están dedicados plenamente a lo suyo. Cuentan con 24 horas diarias de actividad. Son egresados de una escuela que les inculcó que ni su propia vida cuenta frente al éxito de la operación, que su minoría de edad les garantizará pronta libertad y que actuar potenciados es sinónimo de reducción de castigo. Siendo una población pacífica e indefensa ignoramos cómo se debe proceder frente a este tiro cruzado. Recuerdo que a inicios de la pasada década el pueblo todo se unió cuando le amenazaron sus bolsillos con el corralito. Fuimos capaces de expulsar un gobierno nacional. ¿Ahora no es más importante la vida que el bolsillo? ¿No tuvimos todavía suficientes víctimas o esperamos contabilizar muchas más aún? No aguardemos nada de los poderes centrales, legislativos, judiciales ni institucionales. Lo único que nos queda es hacer valer la fuerza del número unido tras un propósito común que no es nada más ni nada menos que asegurarnos la propia vida.































