La censura impuesta por el Canal 7 al vicepresidente Cobos y al gobernador Schiaretti en la reciente transmisión del Festival de Doma y Folclore de Jesús María no hace más que reafirmar la condición de gubernamental del mal llamado canal estatal. "La televisión pública" ?eslogan utilizado por Canal 7? no lo es tal, toda vez que prioriza una cuestión de gobierno a otra de interés general. Cada gobierno de turno, fascinado por disponer de una cámara y un micrófono a su antojo, ha incurrido en este ejercicio de "éste sí y éste no". Los anfitriones del festival consideraron acertadamente seguir un protocolo en el recibimiento y ubicación de los funcionarios visitantes a los que obsequiaron un poncho y un facón. Ninguna de esas imágenes fueron televisadas ni relatadas por los conductores oficiales. ¿Qué hubiera ocurrido si, en su lugar, hubieran asistido gobernadores de otras provincias, ministros nacionales? ¿Hubieran soslayado las cámaras de Canal 7 a un Maradona, una Florencia de la V o algún personaje mediático, sólo por citar como ejemplo a algunas de las figuras más conocidas? Más allá de las diferencias conocidas entre los funcionarios censurados y el gobierno, el canal supuestamente estatal debería haber incluido en su transmisión esas secuencias con el gobernador de la provincia anfitriona y con el vicepresidente de la Nación. Al director de noticias de las estatales BBC, RAI o Televisión Nacional de Chile no se le hubiera ocurrido semejante veda. Desde el gobierno aseguran que no hubo orden de censura, los responsables de la transmisión aclaran que no se quiso teñir la fiesta con actores políticos, aclaración cuanto menos pueril. ¿Qué pudo haber ocurrido entonces? Tal vez algo sumamente peligroso para la libertad de expresión: la autocensura previa. Y de esto, lamentablemente, saben mucho quienes deben decidir lo que se publica o, para mejor decir, lo que no se debe publicar.



































