El escándalo del caso Schoklender revela día a día que el dinero de todos los argentinos es robado inescrupulosamente por personajes semejantes al parricida, ya que no es el único que se aprovecha de los fondos del Estado para enriquecerse. Nadie del gobierno y de la Fundación Madres de Plaza de Mayo puede alegar que desconocía que se estaba robando impunemente a cuatro manos. Todo se sabía y era conocido, pero todo se le perdonaba porque todos estaban metidos en el “negocio” del enriquecimiento ilícito. Todo se hacía en desmedro de las finanzas públicas, o sea del patrimonio de todos nosotros. Son cientos de millones y millones de pesos que fueron a los bolsillos de una banda y no de los pobres a los que decían ayudar. Seguramente lo que sabemos hasta ahora sobre los innumerables inmuebles de Sergio Schoklender, sin olvidar sus autos, motos, barcos y aviones, es apenas la punta del iceberg. Pero es una verdadera ofensa a la razón y al principio constitucional de igualdad ante la ley que los defraudadores continúen gozando de su libertad, lo mismo que los funcionarios que debían controlar qué hacían con el dinero nuestro que les regalaban. No me cabe ninguna duda que deben existir en la Argentina muchos otros Schoklender que se están enriqueciendo con la complicidad de muchos funcionarios de los poderes ejecutivos, legislativos y judiciales tanto de la Nación como de las provincias y que, tarde o temprano, sus negociados también saldrán a la luz por más que intenten ocultar su actividad delictiva. Y ni hablar si van todos presos ante las cámaras de televisión, será para alquilar balcones. ¿No les parece?





























