Felicito al señor Carlos Italiano y adhiero a lo planteado en su carta del sábado pasado. Pero disiento con la denominada "vocación docente", figurita comodín y vacía, generada por la vox populi. Se confunde "hacer bien el trabajo" con soportar injusticias y hasta juicios de moral, infundados, de parte de la comunidad en general y sobre todo de los padres. Esta serie de cartas que suscitaron un debate acerca de los derechos y deberes docentes, sólo evidencian juicios inconsistentes que sostienen de manera endeble el reclamo de padres. Soy docente de nivel medio, y a menudo me choco con comentarios como éste: "Si hay paro, ¿dónde dejo a mi hijo?". La escuela no es una guardería donde los docentes deban entretener a los alumnos. Educar también es respetar el trabajo y los derechos del otro. La comunidad docente debe trabajar con los padres y no en dos veredas enfrentadas. Sin embargo, a menudo, recuerdo una situación vivida que me hizo pensar que a veces, maestros y padres, hablamos lenguas diferentes. Una madre vino a hablar conmigo porque no estaba de acuerdo con una nota. Yo le pregunté: "¿Usted quiere que su hijo aprenda o apruebe?" A lo que ella respondió: "Apruebe".
































