Casi 29 años después de la de-saparición sin dejar rastro de la hija de un empleado del Vaticano algo parece moverse de nuevo en el misterioso caso: la Santa Sede emitió un inusual y extenso comunicado en el que se muestra dispuesta a cooperar con los investigadores.
"No hay nada de que esconder", dijo el portavoz Federico Lombardi, reaccionando así a las informaciones que acusaban al Vaticano de no haber proporcionado toda la información y no haber hecho lo suficiente para esclarecer el caso de Emanuela Orandi, la joven de 15 años que fue secuestrada el 22 de junio de 1983 y posteriormente asesinada.
Su hermano Pietro nunca perdió la esperanza. "Soy optimista y confío en que hemos avanzado un paso más hacia el esclarecimiento del caso", dijo. El Vaticano incluso se ha mostrado dispuesto a abrir la tumba del capo de la mafia Erico De Pedis, asesinado a tiros en 1990. Este mafioso siempre ha sido relacionado con el caso y, según los rumores, la joven fue enterrada con él.
En 2008, la que fuera novia de De Pedis declaró que los cerebros del secuestro estaban en "el Vaticano". Y nombró al entonces director del Banco Vaticano, el arzobispo Paul Marcinkus, fallecido en 2006. Sabrina Minardi dijo además que había procurado prostitutas para Marcinkus.
El Vaticano rechazó entonces las acusaciones tachándolas de "infamia y carentes de fundamento". Además señaló que las declaraciones de Minardi iban dirigidas contra una "persona muerta que no se podía defender".
El año pasado el caso dio un nuevo giro cuando Antonio Mancini, un ex integrante del grupo criminal romano "Banda della Magliana", de la que De Pedis fue el último capo, aseguró que Emanuela fue secuestrada. Según relató, se quería obligar así al Banco Vaticano a devolver dinero que De Pedis y otros habían invertido.
De Pedis finalmente perdonó el dinero y, en agradecimiento, según palabras del ex mafioso Mancini, el Vaticano permitió el entierro del capo en la basílica San Apolinar de Roma, a pesar de que durante siglos ha estado reservada a cardenales y otros dignatarios de la Iglesia católica.
Durante mucho tiempo se supuso que el secuestro de Emanuela estaba relacionado con el atentado contra Juan Pablo II, ocurrido dos años antes.
Tampoco tuvieron éxito los llamamientos del Pontífice pidiendo la liberación de la muchacha.
Hace unas semanas, el hermano de Emanuela, Pietro, participó en una manifestación ante la basílica de San Apolinar para exigir la apertura de la tumba. No está del todo convencido de poder encontrar pruebas sobre su hermana, pero insiste en no dejar nada sin intentarlo.
Es por ello que las palabras de Lombardi le dan aliento: "Desde el punto de vista de la Iglesia no hay obstáculos para investigar la tumba y enterrar en otra parte los restos (de De Pedis)".
Lombardi insistió sin embargo en que no hay ningún tipo de pruebas de que el Vaticano haya ocultado información sobre este caso. "En ocasiones (las acusaciones contra el Vaticano) parecen casi una coartada frente al desasosiego y la frustración que emergen de no ser capaces de descubrir la verdad", dijo.
El padre de Emanuela murió con esa pena. Ercole Orlandi, un mayordomo de Juan Pablo II, murió en 2004 por una dolencia del corazón. "Murió con la esperanza de que su hija todavía estaba con vida", dijo entonces su abogado.
Canje por Agca
El secuestro de Emanuela también fue relacionado con el atentado contra Juan Pablo II. Una llamada, presuntamente en nombre de los extremistas turcos Lobos Grises, pedían el canje de la muchacha por Ali Agca, autor de los disparos contra el Papa. Sin embargo, las investigaciones de esta pista no fueron positivas.