El Manual de Accesibilidad urbana editado por la Municipalidad de Rosario está plagado de palabras que pretenden impactarnos con iniciativas para lograr integrar a las personas discapacitadas. Una presentación de la Dirección para la Inclusión de Personas con Discapacidad, nos dice que ese es un espacio en el ámbito de la Secretaría de Salud Pública que, atendiendo a los principios de integralidad, universalidad y equidad, genera las condiciones necesarias para que las personas con discapacidades puedan ejercer sus derechos en el marco de una sociedad que respete las diferencias. Sin embargo, la realidad produce vergüenza ajena cuando comprobamos que toda una parafernalia de reparticiones, inspectores y profesionales “planificadores” sólo sirve para sumar inseguridad. Un sector que diariamente es paso obligado de los más altos funcionarios del Ejecutivo municipal: la plaza 25 de Mayo, frente al Palacio de los Leones. Una plaza que cuenta desde hace años con rampas de acceso y salida para sillas de ruedas. Tanto por calle Córdoba como por calle Laprida, estas rampas, al igual que las escalinatas para peatones son verdaderas trampas mortales para quienes inducidos por lo que consideran una alternativa, se atrevan a utilizarlas. Bajar por cualquiera de estos elementos implica encontrarse de golpe en medio del tránsito vehicular sin ninguna protección más que la mano de Dios. Por calle Córdoba es peor aún, a los riesgos anteriores, se suma la increíble determinación de quienes manejan la ingeniería de tránsito, para que la parte de la calzada opuesta (Correo Central) al ingreso o egreso de la rampa, esté demarcada y ocupada por el estacionamiento de vehículos a 45º, una verdadera carrera y competición con obstáculos, especialmente para la sobrada agilidad de personas ancianas o con dificultades en sus movimientos. La rampa sobre calle Laprida, a pocos metros de la ochava con calle Santa Fe, sin ningún tipo de demarcación peatonal ni señalización vertical u horizontal que prevenga a los conductores de vehículos, dejan abierta la posibilidad muy cierta de que alguna persona desprotegida, discapacitada o no, sea arrollada por vehículos que están girando y cuyos desprevenidos conductores no esperan encontrarse ante tal situación. Lo mismo sucede con las escalinatas por Córdoba, Laprida y Santa Fe, inexplicablemente sin la misma demarcación peatonal como existe por calle Buenos Aires, y además con estacionamiento permitido para comodidad de “ciudadanos VIP” que impiden el ascenso o descenso de la vereda. Esta peligrosa situación debe cesar de inmediato vedando los accesos mencionados, en forma preventiva, hasta que se determinen medidas de seguridad acordes o en forma definitiva. No brindar condiciones de inclusión es reprochable, hacerlo en estas condiciones es un atentado y una burla.































