Suele suceder en algunos momentos de la historia de la humanidad, la aparición de una persona con dotes sobrenaturales, que los hace irresistibles, sin poder evitarse el sometimiento a él. Es lo que sucedía con Lázaro Báez, al que hasta dos presidentes -de sexos diferentes- no pudieron resistirse a concederle cuanto quisiera hacer dentro de las leyes o fuera de ellas para enriquecerse. Por suerte, este cajero de un banco sureño, en menos de dos décadas logró desarrollar una gran riqueza para la región, como es la proliferación de viviendas, especialmente de alta gama como los autos que también están, contando con el "apoyo de recursos y protección de su Estado provincial y el nacional". Gran parte de la sociedad, que posee percepciones naturales, no cree que quienes aprendieron la profesión de esquilar -como buenos sureños-, al extremo de esquilmar a cuarenta millones de habitantes, hayan permitido que sean ellos los esquilmados, por más atributos sobrenaturales que posea, más bien se inclina a considerarlo un testaferro de ellos. Tampoco es creíble que lo persiguen jueces que están despertando de una prolongada siesta. La siesta sí es real.




























