He leído una carta relacionada a Rosario Central, publicada el pasado lunes, y titulada “Un balance agridulce” y disiento en algunos conceptos con el autor. Por ejemplo, cuando dice: “Ahora bien, todos sabemos que cuando un club desciende no sólo lo hace en lo deportivo, sino también en lo dirigencial e institucional”. Olvida decir que también desciende en lo social, porque a Usandizaga lo votamos el 66% de los socios canallas, que entendimos que en ese momento era lo mejor que había. Y descendimos en lo social, porque desde lo social, desde la masa canalla deberían haber surgido dirigentes que no sólo supieran evitar tamaña desgracia del descenso, sino que supiesen convencer a la masa canalla de lo que eran capaces, para así ganar las elecciones. No ocurrió eso. No dimos el piné. Y nos fuimos a la B. No fuimos los únicos. Les pasó a otros grandes: San Lorenzo, Racing, River e Independiente. Y ascendimos como sólo un grande lo hace: antes de tiempo y saliendo campeones. Además, en la lectura del texto da la imagen de que el ascenso de Central fue obtenido sobre la hora, en el último partido y con los 11 jugadores colgados del travesaño. De la misma forma, pinta el haber conseguido los 50 puntos, como si aún no lo hubiésemos logrado, y lo hiciéramos empatando con el descendido Argentinos a los 48 del segundo tiempo y haciendo un gol con la mano. Me permito recordar que Central ascendió cuatro fechas antes de que terminara el torneo y se coronó campeón del mismo posteriormente. Formó después el plantel que pudo, con una enorme y muy extraña proliferación de negativas a venir a Central por parte de jugadores que previamente habían dado su consentimiento. Después de eso, omite recordar el autor, que Central ganó el clásico de local. Y acá hago un alto, porque Central no ganó cualquier clásico: le ganó a un muy buen equipo, que venía de salir campeón, pletórico de grandes figuras internacionales. Y lo hizo con un humilde equipo que venía de la B. Luego ganó el partido posterior (cosa que no ocurría hacía 31 años), luego volvió a ganar el clásico, esta vez de visitante, sin público que lo acompañase (11 contra el mundo), cosa que no ocurría desde hacía 40 años. Y llegó a los 50 puntos tres fechas antes de terminar el torneo. Al momento de escribir esto (falta una fecha), Central está clasificado a la Copa Sudamericana. Sea que finalmente se clasifique o no, yo (y no soy el único) no siento ningún sabor agridulce. Por supuesto, que hubiese querido que Central saliera campeón, pero me doy cuenta de que eso es muy difícil en equipos que recién ascienden. De hecho, hubo uno solo en la historia del fútbol argentino que logró ese cuasi milagro. Se llama Rosario Central. Y no sé si en el mundo hubo otro. Por todo eso, creo que la maravillosa hinchada de Central tiene que mantener los pies sobre la tierra, confiar en este técnico, cuya historia en Central no conoce de fracasos y recordar bien a quiénes lo querían echar después del empate con Ferro 1 a 1 en la primera rueda del último torneo que estuvimos en la B. El crecimiento futbolístico de Central está siendo como debe ser: lento, sostenido y sobre fundamentos firmes. Estoy seguro que el autor de esa carta, al igual que yo y otros miles de canallas, ama a Central y sólo quiere su bien y su desarrollo y que ganemos todos los partidos. Seguramente estaremos todos de acuerdo en cuanto hacia dónde queremos ir. Pero hay que tener bien presente desde dónde venimos.




























