Hace unos días escuché un mensaje de una señora preocupada por la cantidad de perros que hay sueltos en Rosario, especialmente en el centro, y reclamaba que alguien tiene que hacer algo al respecto. Estas líneas son para contestarle a ella y a tantos ciudadanos que tienen la misma inquietud. Los perros callejeros no nacieron allí, todos tuvieron alguna vez un hogar. Sus dueños, seguramente, ya sea porque el animal ensuciaba, rompía, traía gastos o simplemente porque ya creció y no divertía a los chicos lo abandonaron a su suerte. Quizás gente como ella no está de acuerdo con que Rosario fuera declarada ciudad no eutanásica. Explico, para desagrado de muchos, en Rosario no se sacrifican animales, con mucho trabajo de hormiga se los esteriliza, cura, alimenta y se tratan de reubicar para que alguna vez conozcan un verdadero hogar con cariño. Ojalá muchos valoraran el trabajo que tantos proteccionistas realizamos tratando de solucionar los problemas que crea la gente abandonándolos. Son inimaginables los sinsabores por los que se pasa, pero es más fuerte que nosotras, el sufrimiento animal nos puede. Quisiera agregar, para terminar, que cada uno que decide adoptar un animal se haga cargo de ese paso importante. Esa vida, a partir de ese momento, depende de nosotros. Hay que saber que en 15 años nos pueden pasar muchas cosas, pero ese animalito forma parte de nuestra familia. No es posible que ante cualquier cambio se piense en descartarlo. En resumen, pido por favor que de una vez y para siempre el humano se haga cargo de lo que alguna vez decidió.




























