Esta carta está dirigida a todos aquellos afiliados desamparados de Pami para que no vivan lo que lamentablemente tuve que pasar con mi madre en el sanatorio Julio Corzo. Mi madre llegó al mencionado efector con un cuadro de gastroenterocolitis y deshidratación, fue "depositada" en una silla de ruedas en el pasillo de la guardia, (obviamente sin atención médica), desde las 16 hasta las 20. Cuando comencé a exigir que le brindaran la atención que se merecía pudieron ubicarla en una habitación digna, pero todavía ningún médico se había hecho cargo de la paciente. Las horas transcurrían y mi madre desmejoró notablemente; aún sin saber muy bien qué pasaba, siempre exigí e insistí y así la trasladaron a UTI (después de cuatro días en el cuarto piso, con suero únicamente). Cuando llegamos a saber algo más de ella, fueron noticias desalentadoras: mi madre ya estaba inconsciente y a las pocas horas nos avisaron que había fallecido. Quiero manifestar mi dolor por todo lo vivido y la impotencia de ver la desidia de los médicos y enfermeras ante tal situación; lo único que priorizaron fue que firmara un documento por 5.000 pesos para asegurarse la orden de internación. Terrible e indignantemente vergonzoso, como también la actitud de un cirujano que no llegó a operar a mi madre por no haber turno en cirugía, turno que esperamos desde febrero. No quiero que esto vuelva a suceder, tengo todavía a mi padre y tengo miedo, sí, miedo, porque ya no existen médicos que nos asistan como lo que somos, seres humanos. Todo es muy cruel y hoy la medicina no es ni más ni menos que un comercio. Toda esta desidia la viví acompañada de mi hermano. En nombre mío, de mi padre y hermanos les doy las gracias por no haber hecho nada para sacar adelante a mi madre.




























