El club Gimnasia y Esgrima de Rosario (GER) sigue dando muestra de que no está a la altura de las circunstancias, ya que en pleno siglo XXI sigue dominado por el miedo y la mediocridad. Como socia activa de la entidad, con las cuotas al día y 20 años de antigüedad, el martes 4 de noviembre me acerqué a la sede del club con el simple objeto de presentar una nota informando un percance sufrido el fin de semana anterior en el predio de Pueblo Esther (el que ahora pierde trascendencia). La secretaria de la entidad, Adriana Sánchez, se negó a recibir mi nota, diciéndome: "No estoy autorizada". Y cuando pregunté entonces quién sí podría hacerlo, sin dudarlo me contestó: "Nadie". Ese club con aires de grandeza, que se jacta de ser uno de los principales de la ciudad, con tres instalaciones en la zona, veda a sus socios la posibilidad de acercar sus inquietudes, con un temor ridículo propio de los ignorantes. Quien quiere ser grande debe empezar a crecer por dentro. Simplemente, vergonzoso.
































