“La pasión es una experiencia que tiene un pie en la vida y otro en la muerte”, afirmó el psicólogo Gabriel Rolón en referencia al tema central de su nuevo espectáculo “La pasión!”. Rolón aborda los múltiples matices de ese concepto que pivotea de un extremo al otro de la experiencia humana en un show en el que, además, invita “a sentir, aunque cueste; a desear aunque nada nos complete” porque “es necesario encontrar la salida del laberinto para construir una vida que tenga sentido en un universo que no parece tener ninguno”, dijo en diálogo con La Capital. La propuesta contará con músicos invitados y se estrena hoy, a las 22. Los tickets pueden adquirirse a través de la plataforma de streaming Plateanet.com.
La palabra “pasión” genera imágenes que recorren todo el arco de la experiencia humana, desde el amor y la vida hasta la muerte. De ese abanico de posibilidades ¿cuál es el enfoque que le interesa abordar, o el aspecto que le interesa destacar de la pasión, en este espectáculo?
La idea de esta obra surgió mientras escribía mi anterior libro, “El precio de la pasión”. El intento de comprender qué nos pasa en los momentos en que nos apasionamos, qué ocurre con nuestros pensamientos, sentimientos, miedos y deseos, me generó muchas preguntas que tuve ganas de compartir en esta aventura teatral. Se trata, justamente, de recorrer ese amplio abanico del que hablás para acercarnos a un tema complejo, límite. Porque de eso se trata. La pasión es una experiencia que tiene un pie en la vida y otro en la muerte.
¿Pasión, sexo y amor tienen alguna relación?
La pasión es una fuerza que nos desborda y suele llevarnos a conductas desmesuradas. Los griegos temían a la hibris, la desmesura, porque sabían que lo que está de más lastima. Muchas veces ese avasallamiento envuelve al amor y al sexo. Hay amores y erotismos apasionados. Aunque no todos lo son. Un amor, o mucho peor, un sexo sin pasión parece poco atractivo. Y así es. Sin embargo, hay que cuidarse. Porque cuando la pasión se pone del lado de la vida es la fuerza que sostiene nuestros deseos más nobles, pero cuando se pone del lado de la muerte puede llevarnos a comportamientos destructivos.
¿Cómo se manifiesta la pasión en épocas de crisis profundas como la que está viviendo en la actualidad Argentina y el mundo?
Toda época es difícil para jugar el deseo. A qué negar que el momento es muy complejo, pero los hubo peores. Pienso en los campos de concentración o en las hambrunas que atravesó la humanidad. El mundo es un lugar complicado para nosotros, simples mortales que, como dijo Hegel, habitamos un oscuro cascote que gira alrededor del sol. Pero es necesario encontrar la salida del laberinto para construir una vida que tenga sentido en un universo que no parece tener ninguno.
¿La pasión genera más actitudes proactivas que dañinas?
Como dijimos, depende de si se ubica del lado de la vida o de la muerte. La pasión por vivir permitió que dos jóvenes uruguayos atravesaran la cordillera de los Andes después de meses de desolación. De ese modo salvaron sus vidas y las de los compañeros que habían quedado en el avión accidentado. Desgraciadamente a veces la pasión se vuelve mortífera y hace que alguien agreda o lastime a otra persona sólo porque ya no quiere estar a su lado.
Usted adelanta que en el espectáculo invita a “sentir, cueste lo que cueste”. ¿Controlar los sentimientos puede ser considerado un mecanismo de defensa, sobre todo teniendo en cuenta que los sentimientos negativos enferman y pueden llevar inclusive a la muerte?
A veces es necesario controlar los sentimientos, porque no todos ellos son sanos. Y así como hay que tomar coraje para defender lo que se desea e incluso poner esas emociones en palabras, otras es mejor mantenerlas bajo control. Si no lo hiciéramos viviríamos cometiendo actos de los que después nos arrepentiríamos mucho.
La pasión por la ciencia y la tecnología, por ejemplo, hizo evolucionar a la humanidad hasta límites insospechados hace sólo cien años. Sin embargo, muchos sostienen que algunas de esas acciones llevaron o están llevando a la humanidad por un camino equivocado. Ante ese supuesto panorama que en ocasiones se vislumbra apocalíptico, ¿debería reorientarse la pasión?
Existe un impulso a saber que nos recorre. Todo ser humano lo siente. Algunos buscan, como ahora, una vacuna que salve vidas, otros quieren construir un misil más poderoso. El problema no es esa pasión por el conocimiento. El problema es qué hacemos con esa pasión. Ya señalé que la pasión se lleva por delante a la razón. En un momento íntimo y erótico puede ser algo bueno, necesario incluso para disfrutar del momento. Pero en otras ocasiones hay que dominar esa pasión y pensar. No vaya a ser cosa que la hibris nos condene a un destino fatal.
La expresión “crimen pasional” cayó en desuso. ¿Qué reflexión podría hacer sobre esas palabras y sobre su erradicación de las noticias policiales?
Si el crimen es pasional no es racional. Y en este tiempo hemos visto crímenes muy bien pensados que habrían caído en la antigua clasificación sólo porque el asesino y la víctima habían sido pareja. Además, esa palabra, pasional, pareciera querer justificar al agresor. No está bien. Uno es responsable hasta de sus pasiones. Por eso acuerdo con el cambio terminológico. Porque en realidad se trata de violencia, y cuando esa violencia cae sobre una mujer es aún más grave. Creo que el término violencia de género es mucho más exacto para definir ese tipo de delitos.
¿La pasión se manifiesta de formas diferentes según el género?
La pasión se manifiesta de formas diferentes en todo ser humano. Cada uno de nosotros vive sus pasiones como puede según su historia, su personalidad, la capacidad de manejar sus emociones y el compromiso que toma con sus deseos. En definitiva de eso se trata. De sostener la llama de la pasión para que la vida tenga un sentido y lograr al mismo tiempo no arder en el infierno de la desmesura.