París. — Francia puso fin ayer a las campañas para el crucial ballottage de hoy, que se espera corone a François Hollande como el primer presidente socialista del país en 20 años, pese a que los últimos sondeos mostraban que el presidente Nicolas Sarkozy había recuperado algo de terreno. Las elecciones de hoy, que coinciden con los comicios parlamentarios de Grecia (ver aparte), podrían ser decisivas para la dirección que tomará Europa. Hollande prometió mitigar las medidas de austeridad impulsadas por Alemania en todo el continente, y reorientar a la zona euro hacia el crecimiento.
Sarkozy, que se convirtió en el primer presidente galo en funciones de la época moderna en salir segundo en elecciones de primera ronda, debe superar la altas tasas de desaprobación provocadas por su áspero estilo personal. Si lograse el triunfo, sería una gran sensación política, tras una turbulenta campaña para un hombre a quien muchos votantes acusan por el alto desempleo —de casi un 10 por ciento, un récord en los últimos 12 años— y por el estancamiento de la economía del país.
Sarkozy permaneció ayer en su casa en París, mientras Hollande visitó un mercado en Tulle, ciudad de la región central de Francia donde fue alcalde por siete años. "Estoy nervioso, ansioso por la victoria", dijo Hollande. "Los habitantes de Tulle no me extrañarán. Los tranquilizará tenerme como presidente", aseveró.
El viernes, Sarkozy apeló a los 46 millones de votantes del país, advirtiendo que una victoria socialista podría llevar a la segunda economía de la zona euro a una espiral de altos déficits y deuda pública, al igual que Grecia.
Avance en los sondeos. Los últimos sondeos mostraron una ventaja de apenas cuatro puntos para Hollande, desde los 10 de diferencia de hace unas pocas semanas. Según un estudio publicadco por París Match, Hollande se ubica en 52 por ciento contra 48 por ciento de Sarkozy. Otros cuatro estudios confirman una difrencia similar. "El domingo todo es posible", tituló el diario de izquierda Liberation en su primera página.
La campaña electoral fue marcada por el impresionante resultado logrado por la candidata del derechista Frente Nacional, Marine Le Pen, que salió tercera en la primera ronda del 22 de abril con un 18 por ciento de votos. Esto llevó a Sarkozy a orientarse más a la derecha. Pero el presidente se vio golpeado por partida doble esta semana, cuando Le Pen se negó a apoyarlo, diciendo que prefería votar en blanco, y porque François Bayrou, candidato de centro que tuvo un 9 por ciento de los votos, dijo que votaría por Hollande.
Hollande silenció a muchos críticos —que cuestionaban su personalidad y falta de experiencia en un ministerio—con un sólido desempeño en el debate presidencial que del miércoles.
Inicialmente, la posibilidad de una victoria del candidato socialista alarmó a los inversores. Hollande prometió subir los impuestos a las grandes compañías y a los más ricos y mitigar la austeridad fiscal impulsada por Alemania en Europa.
Pero Hollande ha dejado claro que no intentará cambiar la esencia del pacto de disciplina fiscal impulsado por Alemania y Francia y firmado por los 27 miembros de la Unión Europea. "En caso de un relevo en el poder, la relación de amistad franco-alemana seguirá siendo un elemento estructural de nuestra política", afirmó el director de campaña de Hollande, Pierre Moscovici, a la prensa alemana. Estrecho asesor de Hollande, comentó: "Sabemos que Angela Merkel prefiere una victoria de Nicolas Sarkozy. Pero, en caso de ganar Hollande, demostraremos que la amistad franco-alemana lo supera todo".